Llegamos a Dolores Hidalgo después de pasar un par de días en otro de los Pueblos Mágicos de Guanajuato que no te puedes perder, Mineral de Pozos, el Pueblo Mágico en el que se detuvo el tiempo. Puedes leer el artículo completo aquí con todas las recomendaciones para planificar tu viaje a México.
COMO LLEGAR A DOLORES HIDALGO: La mejor forma, es en coche. La distancia es de menos de 60km . De hecho si vas a hacer un recorrido por los pueblos de Guanajuato, es la opción que te recomendamos. En el caso de hacer base en Guanajuato, también puedes contratar, aquí, una excursión por los Pueblos de la Independencia Mexicana en la que podrás visitar Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende.
1.Dolores Hidalgo, el Pueblo Mágico donde nació México
Si hay un lugar en México donde la historia se siente viva en cada rincón, ese es Dolores Hidalgo. Tuve la suerte de visitarlo durante mi ruta por el estado de Guanajuato, y no exagero al decir que es uno de esos destinos que te marcan. No solo por su encanto colonial o su ambiente tranquilo de pueblo, sino porque aquí empezó todo. Literalmente. En esta tierra comenzó el movimiento que daría origen a la nación mexicana tal como la conocemos hoy.

Dolores Hidalgo es, con toda razón, un orgulloso Pueblo Mágico. Y es que lo tiene todo: valor histórico, tradición, cultura popular y una identidad que se respira en sus calles empedradas, en sus plazas, en sus templos y en el corazón de su gente. Aquí, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla lanzó el famoso Grito de Dolores, llamando al pueblo a levantarse contra el dominio español. Ese momento, ocurrido frente a la Parroquia de Nuestra Señora de Dolores, marcó el inicio de la Independencia de México. Por eso, esta ciudad lleva con orgullo el apellido del padre de la patria.
Pero Dolores no solo vive de historia. También late al ritmo de la música ranchera gracias a su hijo más querido: José Alfredo Jiménez, el gran compositor mexicano que puso banda sonora a generaciones enteras. Su tumba, en el panteón del pueblo, se ha convertido en un lugar de peregrinación para quienes aman su legado. Y créeme, escuchar sus canciones aquí, donde todo comenzó para él, es una experiencia que pone la piel de gallina.
En este artículo te voy a contar qué ver y hacer en Dolores Hidalgo, desde sus monumentos históricos hasta sus talleres de cerámica artesanal, sus museos, sus sabores únicos (¡esos helados con sabores rarísimos que tienes que probar!) y todo lo que necesitas para aprovechar al máximo tu visita a este destino que, más que un lugar, es un capítulo vivo de la historia de México.
2.Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores:
En el centro de Dolores Hidalgo, justo frente a la Plaza Principal, se alza majestuosa la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, uno de los lugares más simbólicos, que visité en mi ruta por los Pueblos Mágicos de Guanajuato. No es solo una iglesia bonita; es el lugar donde, literalmente, comenzó la historia de México como nación. Aquí, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el padre Miguel Hidalgo y Costilla lanzó el Grito de Dolores, llamando al pueblo a levantarse contra el dominio español. Ese grito cambió el rumbo del país.
Además de su enorme peso histórico, la parroquia es una auténtica joya del barroco novohispano. Su construcción comenzó en 1712 y se concluyó en 1778. Su fachada principal, una de las más hermosas que he visto en México, es puro arte: destacan los tres pares de estípites (esas columnas ornamentales tan típicas del barroco), los nichos con esculturas y, coronando todo el conjunto, una representación de la Crucifixión y la imagen de la Virgen Dolorosa, patrona del pueblo. Las torres laterales, que se estrechan de forma ascendente, realzan aún más la elegancia del templo.



El interior es igualmente impresionante. En el crucero se conservan dos retablos barrocos de estilo estípite, uno dedicado a la Virgen de Guadalupe y otro a San José, este último sin dorar, lo que permite admirar la talla original en madera. Aunque el altar mayor original fue reemplazado a finales del siglo XIX, el conjunto sigue siendo de una belleza sobria y solemne que impone respeto.
Y por supuesto, no se puede hablar de esta iglesia sin mencionar la famosa Campana de Dolores. Aunque la original fue trasladada al Palacio Nacional en Ciudad de México en 1910, donde cada año se conmemora el Grito de Independencia, su historia está íntimamente ligada a este templo. Fundida en 1768 con una aleación de cobre, estaño y plata, fue supuestamente tocada por Hidalgo (aunque en realidad fue el campanero José Galván) para convocar al pueblo a la insurrección. Hoy es uno de los símbolos más poderosos de la nación mexicana.



Visitar la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores no es solo una parada turística: es un momento para conectar con la historia, con la fe y con la esencia de un pueblo que vio nacer la lucha por la libertad. Sin duda, un imprescindible si visitas Dolores Hidalgo
2.1. Mural “200 años de libertad”: arte, historia y orgullo en el corazón de Dolores Hidalgo
Uno de los rincones más especiales —y quizás menos conocidos— que descubrí durante mi visita a Dolores Hidalgo se encuentra a un costado de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en un estrecho pasaje lleno de historia llamado el Callejón Casino Éxiga. Allí, casi como un secreto bien guardado, se alza el mural “200 años de libertad”, una obra que combina arte, memoria y orgullo nacional en un formato único: azulejo de talavera, el mismo material que identifica a muchas de las artesanías de esta ciudad guanajuatense.
Este mural fue creado por el artista local Ignacio Aguilar durante la administración municipal 2006–2009, con la idea de rendir homenaje a los héroes y momentos clave del movimiento de Independencia de México. No es una pintura cualquiera: está hecha en cerámica esmaltada, lo que le da una textura, colorido y durabilidad únicos, y lo convierte en una auténtica pieza de arte público que merece ser admirada con calma.

La obra lleva por nombre “200 años de libertad” y representa, a través de escenas y símbolos, las tres grandes etapas del proceso independentista. En la primera parte, destaca la figura de Miguel Hidalgo, iniciador del movimiento, quien aparece rompiendo las cadenas de la esclavitud. También se representa la antorcha de la libertad, la Campana de Dolores y una imponente águila, que alude tanto al símbolo nacional como al emblema mexica, reforzando así la identidad profunda del pueblo mexicano.
La segunda fase, aunque no descrita de forma literal en el mural, se entiende como la etapa de organización del movimiento, con personajes como José María Morelos y Pavón, quien continuó la lucha tras la muerte de Hidalgo. Y en la tercera parte, el mural muestra a Vicente Guerrero, protagonista de la consumación de la Independencia junto con Agustín de Iturbide, cerrando así el ciclo de esta gesta histórica.
Los colores de la bandera de México —verde, blanco y rojo— aparecen a lo largo del mural, no solo como decoración, sino como símbolo de los valores fundamentales: esperanza, unidad y la sangre derramada por los héroes nacionales.
Este mural no solo es una representación artística del pasado: es un reflejo del orgullo local y de la conexión profunda que tiene Dolores Hidalgo con la historia del país. Me pareció especialmente emotivo que haya sido creado por un artista nacido en este mismo pueblo, reforzando así la idea de que la memoria se construye desde lo local hacia lo nacional.
Si visitas Dolores Hidalgo, no dejes pasar este callejón. Puede parecer discreto, pero es uno de esos lugares que te conectan con el alma del pueblo. Y frente al mural, entre azulejos e historia, uno comprende mejor por qué esta ciudad no solo fue el punto de partida de una revolución, sino también un símbolo eterno de libertad.
3. Jardín del Grande Hidalgo:
Cada ciudad tiene un lugar que late con más fuerza, donde la vida cotidiana se mezcla con la historia, y en Dolores Hidalgo, ese lugar es su Plaza Principal, también conocida como el Jardín del Grande Hidalgo. Lo verás justo al lado de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. Durante mi visita, fue uno de los sitios que más disfruté recorrer, no solo por su valor simbólico, sino por el ambiente tan auténtico que se respira en cada rincón. Si puedes ir a primera hora de la mañana es una auténtica maravilla recorrerlo. Aquí, donde todo comenzó, se encuentra hoy el corazón vivo de este Pueblo Mágico.
Esta plaza no es solo un punto de paso: es el epicentro social, cultural e histórico de Dolores. Desde sus bancas bajo la sombra de los árboles puedes ver de frente la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, el templo donde Miguel Hidalgo lanzó el famoso Grito de Independencia en 1810. Justo en el centro de la plaza, se alza imponente el monumento a Miguel Hidalgo y Costilla, un homenaje eterno al padre de la patria. Es imposible no detenerse a contemplarlo y reflexionar sobre la historia que aquí se vivió. Cuenta con rincones preciosos como un templete y un paseo coronado por arcos de flores.



Lo que más me gustó del Jardín del Grande Hidalgo es cómo la historia convive con la vida diaria: familias paseando, niños corriendo alrededor de las fuentes, parejas disfrutando de un helado (¡hay sabores tan locos como tequila, mole o chicharrón!), músicos callejeros tocando rancheras, y turistas curioseando en las tiendas de cerámica de talavera, uno de los productos artesanales más típicos de la ciudad.
3.1 La curiosa historia del árbol de Hernán Cortés en el Jardín del Grande Hidalgo:
Uno de los detalles más curiosos y menos conocidos de la Plaza Principal de Dolores Hidalgo es la presencia de un árbol con una historia que, a primera vista, parecería estar fuera de lugar… pero que en realidad conecta dos momentos clave de la historia de México. Bajo su sombra encontrarás una estatua de Hernán Cortés, que sorprende a más de uno en una ciudad donde todo gira en torno a la figura de Miguel Hidalgo y al inicio de la Independencia.
La historia es la siguiente: el 16 de septiembre de 1921, con motivo del centenario de la Consumación de la Independencia, se plantó en el Jardín del Grande Hidalgo un retoño del famoso “Árbol de la Noche Triste”. Según la tradición, ese fue el árbol bajo el cual Hernán Cortés se sentó a llorar tras ser derrotado por los mexicas comandados por Cuitláhuac, durante la retirada del 30 de junio de 1520, un episodio que marcó un antes y un después en la Conquista de México.

Aunque la veracidad histórica de que aquel árbol fuera un ahuehuete es discutida, lo cierto es que este símbolo ha quedado grabado en la memoria colectiva del país como un raro momento de derrota española y resistencia indígena. De ahí su poder simbólico: recordar que, antes de la caída del Imperio Azteca, los mexicas fueron capaces de infligir una dura derrota a los conquistadores.
El hecho de que un retoño de aquel árbol, el que está en la calzada México-Tacuba en Ciudad de México y del que hoy solo queda el tronco, haya sido plantado justo frente a la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, donde Miguel Hidalgo lanzó el Grito de Independencia, no es casual. Representa un puente entre dos momentos históricos clave: la conquista y la independencia, el inicio y el despertar de México como nación.
La estatua de Hernán Cortés, discreta pero simbólica, no está ahí para glorificarlo, sino para recordar ese episodio de vulnerabilidad, de humanidad incluso, que completa el relato de lo que somos como país: una mezcla de culturas, luchas y contradicciones.
Así que si visitas la Plaza Principal, no pases de largo este rincón bajo el árbol.
En los alrededores encontrarás una buena variedad de restaurantes y cafeterías con terrazas perfectas para probar algún platillo típico de Guanajuato —como las enchiladas mineras o las carnitas estilo Dolores— mientras observas el ir y venir de la gente. Además, los edificios coloniales que rodean la plaza aportan ese aire de pueblo tradicional mexicano que tanto enamora. Entre ellos destaca la Casa de Visitas, en un lateral del Jardín.
3.2. La Casa de Visitas: Un pedazo de historia virreinal en el corazón de Dolores Hidalgo
En una de las esquinas más elegantes del centro histórico de Dolores Hidalgo, muy cerca de la Plaza Principal, se alza un edificio que parece detenido en el tiempo: la Casa de Visitas. No podrás evitar detenerte a admirar su imponente fachada de cantera rosa, un verdadero tesoro del barroco tardío novohispano, que ha sido testigo silencioso de algunos de los momentos más intensos en la historia de México.
Construida a finales del siglo XVIII por orden de Don Juan Mercado, esta casona fue diseñada como sede del Subdelegado de la Corona Española en el entonces Pueblo de Dolores. Su construcción finalizó el 4 de abril de 1786, fecha que permanece tallada en piedra en uno de los pilares del edificio. Pero no fue una obra cualquiera. Se levantó en una época especialmente dura para la población: el llamado «año del hambre», cuando la región sufría los estragos de una terrible sequía y heladas que arrasaron con los cultivos. Los albañiles y canteros que trabajaron en esta obra fueron pagados con lo único disponible: pan blanco y atole, más como un acto de supervivencia que como un salario.



Su ubicación estratégica, entre las importantes ciudades virreinales de San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende) y Guanajuato, era clave. Esta última era un motor económico para la Corona española, ya que allí se extraía más del 50% de la plata que se enviaba a Europa. Por eso, se necesitaba un lugar como esta casona para hospedar a funcionarios del gobierno virreinal que viajaban por la región supervisando la administración de los bienes de la Nueva España.
Pero la Casa de Visitas no solo tiene valor arquitectónico: también jugó un papel clave en el inicio de la Independencia de México. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, mientras Miguel Hidalgo lanzaba el Grito desde la parroquia, los insurgentes Ignacio Allende y Juan Aldama entraban en esta misma casa para arrestar al Subdelegado Don Nicolás Fernández del Rincón y confiscar sus bienes. Ese momento marcó el rompimiento con el poder virreinal en Dolores y el comienzo de una nueva etapa para el país.
A principios de los años 40, el Gobierno del Estado de Guanajuato adquirió la propiedad y desde entonces ha servido como residencia oficial para visitantes distinguidos, incluyendo a varios Presidentes de la República. Fue entonces cuando empezó a conocerse, de forma popular, como la Casa de Visitas.
Hoy, al pasar frente a sus muros rosados y su sobrio portal, es inevitable imaginar la mezcla de poder, crisis, conspiración y cambio que ha vivido este lugar.
3.3. Las «nieves» de mil sabores:
Algo que no puedes dejar de probar en Dolores Hidalgo, son sus famosas y tradicionales «nieves» ( helados) de sabores que ni te imaginas. Rodeando la Plaza Principal hay muchos puestos donde adquirirlas. En nuestro caso, las probamos de uno que está justo en frente al templete de la plaza. El puesto se llama «Josue» y tenían tal cantidad de sabores que nos costó decidirnos: Además de los típicos de limón, fresa, mango y diferentes frutas, las había también de Tequila, chicharrón, arroz con leche, pétalo de rosa, beso de ángel, mazapán, ceviche, zapote, camarón con pulpo… yo le doy un 10 a la de pétalos de violeta !




Alrededor del jardín verás numerosos puestos de artesanía y tiendas , no dejes de echar un vistazo , quizás encuentres un souvenir diferente y auténtico para llevarte de recuerdo.
4. Templo de la Tercera Orden: historia y fe en el corazón de Dolores Hidalgo
Ubicado a solo unos pasos del centro histórico, el Templo de la Tercera Orden Franciscana es uno de los tesoros más antiguos de Dolores Hidalgo, construido en 1755. Su arquitectura mezcla un barroco sobrio en el exterior con un interior neoclásico, y está dedicado a la Virgen de la Purísima Concepción y a San Francisco de Asís, celebrados cada 8 de diciembre y 4 de octubre, respectivamente.
Pero este templo no solo destaca por su belleza. Tras el Grito de Dolores, el 28 de octubre de 1810, el general realista Félix María Calleja entró con más de 7.000 soldados al pueblo. Sus tropas saquearon casas, incluyendo la de Hidalgo, y al retirarse, Calleja dejó su bastón de mando a los pies de la Virgen en este mismo templo, prometiendo volver por él tras capturar al líder insurgente, cosa que cumplió años después como virrey de la Nueva España.



Hoy, el Templo de la Tercera Orden sigue siendo un espacio de recogimiento, historia y resistencia, un rincón silencioso donde se entrelazan la fe y el pasado insurgente de este Pueblo Mágico.
5. Casa-Museo José Alfredo Jiménez: un viaje íntimo al alma del Rey de la Canción Ranchera
A solo unos metros de la Plaza Principal de Dolores Hidalgo, se encuentra uno de los sitios más entrañables del pueblo: la Casa-Museo José Alfredo Jiménez, lugar donde nació, el 19 de enero de 1926, el legendario compositor mexicano autor de más de 300 canciones inolvidables como “El Rey”, “Ella” o “Si nos dejan”.
La casa, construida a mediados del siglo XIX, es una típica casona provincial con patios, huertas de naranjos, muros de adobe y techos altos con vigas de madera. Declarada monumento histórico desde 1982, fue una de las primeras construcciones señoriales del pueblo.
El museo ofrece un recorrido cronológico y temático por la vida y obra de José Alfredo a través de nueve salas, cada una nombrada con el título de alguna de sus canciones. Aquí se exhiben fotografías, discos, trajes de charro, sombreros, trofeos, manuscritos y objetos personales, como su triciclo de la infancia. Además, cuenta con una cantina virtual interactiva donde puedes cantar a dueto con él, y una experiencia musical inmersiva al inicio del recorrido.





Frente a la casa se encuentran las escuelas del Centenario, donde cursó la primaria, completando así el recorrido por los orígenes de este ícono de la música mexicana.
- Horarios y servicios
- 📅 Martes a domingo, de 10:00 a 17:00 h
- 🎟️ Entrada general: $40 MXN
- 👦 Niños, estudiantes y adultos mayores con credencial: $20 MXN
- 🍽️ Cuenta con cafetería-restaurante, tienda, guardarropa y visitas guiadas (estas últimas con cita previa).
Si te gusta la música mexicana, esta visita es un homenaje obligado. La Casa-Museo no solo rinde tributo a uno de los grandes, sino que te permite conocer de cerca al hombre detrás de las canciones que marcaron a todo un país.
6. La tumba de José Alfredo Jiménez: un altar de música y devoción en Dolores Hidalgo
Visitar Dolores Hidalgo y no pasar por la tumba de José Alfredo Jiménez es casi como dejar un verso sin terminar. Ubicada en el Panteón Municipal, este lugar se ha convertido en punto de peregrinación para quienes aman la música ranchera y sienten en el alma las canciones del compositor dolorense más universal.
La tumba, diseñada como un verdadero altar a su legado, está coronada por un enorme sombrero de charro y un zarape multicolor en forma de mural, símbolos inseparables de su imagen. Sobre ella puede leerse uno de los versos más representativos de su obra: “La vida no vale nada”. Allí, entre flores, guitarras, letras escritas en papel y botellas de tequila dejadas por admiradores, descansa quien supo ponerle música a las penas y alegrías del pueblo mexicano.

Pero si quieres conocer un pedazo aún más íntimo de esta historia, en la Casa-Museo José Alfredo Jiménez se conserva la lápida original, en madera de mezquite, que marcó su tumba durante los primeros años. Este objeto, sencillo pero lleno de simbolismo, refleja la humildad y cercanía del artista con sus raíces, y completa el relato emocional de su vida y muerte.
6.1.“Camino de Guanajuato” y la frase que marcó una generación: “La vida no vale nada”
Pocas canciones mexicanas han logrado capturar el sentimiento de dolor y amor por la tierra como “Camino de Guanajuato”, una de las más emblemáticas de José Alfredo Jiménez. Escrita desde lo más profundo de su alma, esta canción tiene una carga emocional muy personal.
La frase “La vida no vale nada”, que hoy forma parte del ADN cultural de México, nació en un momento de profunda tristeza para el compositor. Cuando José Alfredo llegó al funeral de su hermano Ignacio, en la ciudad de Salamanca, escuchó a su madre pronunciar esas palabras entre lágrimas. Aquel instante de dolor quedó grabado para siempre en su memoria, y años más tarde, lo convirtió en verso inmortal dentro de esta canción.
“Camino de Guanajuato” no solo rinde homenaje al estado que lo vio nacer, sino que también es una especie de carta de amor y despedida cargada de nostalgia, que atraviesa León, Irapuato, Salamanca, y por supuesto, Dolores Hidalgo, su tierra natal. A día de hoy sigue utilizándose para referirse a esta zona, así que no te pase como a mi y te sorprendas cuando te digan: » estás donde la vida no vale nada». En un principio pensé que tenía connotaciones negativas, pero, todo lo contrario.
7. La Santísima Trinidad: entre vinos, lavanda y sabores inolvidables en Dolores Hidalgo
Durante mi paso por Dolores Hidalgo, hicimos una parada en La Santísima Trinidad, un lugar que superó todas mis expectativas. Este desarrollo enoturístico, ubicado a solo unos minutos del centro, combina viñedos, arquitectura elegante, gastronomía, lavanda y olivos en un entorno cuidado hasta el último detalle. Es ideal para visitar de camino a Guanajuato, que era nuestra próxima parada y también está muy cerca de San Miguel de Allende.
Un recorrido con sabor a vino:
Mi visita comenzó con una visita a la bodega donde conocimos más a fondo el proceso de elaboración. También tienen una parte en la que elaboran productos artesanales a base de lavanda, como jabones, aceites, esencias, incluso puedes llevarte alguno de los productos de su tienda. Fue una sorpresa descubrir que el proyecto no solo apuesta por el vino, sino también por el aprovechamiento sostenible de la lavanda y el olivo. A continuación disfrutamos de una cata de vinos en el exterior, los jardines son una auténtica fantasía . Degustamos varias etiquetas de producción propia, y lo mejor fue que todo el recorrido estuvo acompañado de explicaciones cercanas y accesibles. Se nota que aquí se hace vino con pasión y con un fuerte compromiso por la calidad.




Comer junto al lago: un festín para los sentidos
Sin duda, el momento más especial del día fue la comida en el restaurante junto al lago. Teníamos una mesa con vista al agua, rodeada de árboles y con una calma que solo se rompe con el sonido del viento entre las ramas. Es un entorno idílico que te recomiendo no perderte y el menú exquisito , producto de calidad, elaboración inmejorable y el emplatado de cine.






Si vas con tiempo, incluso te puedes alojar aquí, nosotros no lo hicimos pero despertarse en ese entorno natural rodeado de vegetación debe ser una experiencia única.
8. Desayunar en El Fruty: como despertar en casa, pero en pleno Dolores Hidalgo
Durante mi visita a Dolores Hidalgo, uno de los mejores momentos del día fue, sin duda, el desayuno en El Fruty Restaurante, un lugar acogedor y con mucho sabor local, ubicado en una casa típica del centro histórico, sobre la encantadora Calle Puebla.
Entrar a El Fruty fue como cruzar la puerta de una cocina familiar: ambiente relajado, trato cálido y aroma a café de puchero recién hecho. El sabor era casero, auténtico, sin pretensiones y muy bien equilibrado para quienes buscan un desayuno mexicano lleno de sabor pero no excesivamente picante.
Uno de los detalles que más me gustó fue su café de puchero, servido caliente, aromático y con ese sabor tradicional que ya no se encuentra en cualquier lado. Lo acompañé con un jugo natural recién hecho, fresco y dulce, perfecto para refrescarse después de caminar por el centro a primera hora. La zona exterior es preciosa, un patio con una bonita fuente en el centro y un ambiente de lo más relajante .





El servicio fue rápido y muy amable. Se notaba que están acostumbrados a recibir tanto a locales como a viajeros. El personal es atento, servicial y siempre con una sonrisa, algo que se agradece cuando empiezas el día lejos de casa. Si buscas un desayuno auténtico y sabroso antes de lanzarte a recorrer el Pueblo Mágico, haz una parada aquí. No te vas a arrepentir. También es una excelente opción para comer con muy buenas opiniones de los usuarios.
9. Un alojamiento especial : Casa Pozo del Rayo, testigo silencioso de la historia de Dolores Hidalgo
En el corazón de Dolores Hidalgo, muy cerca del bullicio de la vida diaria y del murmullo de la historia, se encuentra la Casa Pozo del Rayo, una de las edificaciones más antiguas y significativas de la ciudad. Nuestra estancia aquí no solo fue un viaje al pasado por su arquitectura colonial perfectamente conservada, sino también por las historias que sus muros aún parecen susurrar.
La tradición oral cuenta que, hacia el año 1717, Fray Joseph de Osio y Ocampo construyó su casa en esta calle, frente a un antiguo pozo situado junto al Callejón del Escurridero. Aquel pozo, que dio nombre a toda la calle, fue tan emblemático que la vivienda del fraile pasó a conocerse como la Casa del Pozo del Rayo, nombre que ha perdurado hasta nuestros días.
A lo largo de más de tres siglos, esta casa ha sido escenario de momentos clave para la ciudad y el país. Se cree que fue una de las primeras viviendas construidas en Dolores, y su lista de moradores ilustres lo confirma: entre ellos, el presbítero Dr. Juan Carlos Muñoz de Sanabria, cura de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, y Ramón González, primer alcalde constitucional de la ciudad en 1823.



Uno de los episodios más relevantes ocurrió en 1867, cuando el general Mariano Escobedo se hospedó en esta misma casa del 22 al 25 de febrero. Desde aquí escribió dos cartas al presidente Benito Juárez, informándole de los movimientos tácticos de las tropas enemigas en Querétaro, en plena lucha por la República.
Décadas después, en 1896, el Lic. Francisco González Caballero, entonces propietario y jefe político de la región, se vio obligado a alojar en la casa a la Comisión encargada del traslado de la Campana de San José a la Ciudad de México. El grupo estaba liderado por el general Sóstenes Rocha, quien respondió con firmeza a la oposición local:
“Licenciado, no vengo a ver si me la entregan, vengo por ella. Así que usted decide; ya cuando usted esté muerto, de todas formas me la voy a llevar.”
Dormir entre estas paredes fue, sin duda, una experiencia distinta. La Casa Pozo del Rayo no es solo un alojamiento con encanto colonial, es un pedazo vivo de la historia mexicana. Además la ubicación es excelente para recorrer la ciudad, muy cerca de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, el Jardín y otros puntos de interés.
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