Hay lugares que sorprenden… y luego está Alcalá la Real. Un destino que te enamorará, en la provincia de Jaén, a unos 60km de la capital y a unos 56 de Granada. Historia, patrimonio y paisaje combinados de una forma muy especial. Con un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural que alberga auténticas joyas, muchas poco conocidas. Siglos de historia que descubrirás paseando por sus tranquilas calles y plazas con encanto que son vigiladas desde lo alto por la espectacular Fortaleza de la Mota.
En este artículo te contamos todo lo que no te puedes perder en Alcalá La Real durante tu visita para que esta se convierta en un recuerdo inolvidable al que siempre quieras volver.
Para un primer contacto con la ciudad te recomendamos hacer un tour guíado, es la mejor forma de conocer los lugares más interesantes y que después podrás visitar con calma. Puedes reservar un free tour por Alcalá la Real aquí, o si quieres algo más especial, un tour privado, es ideal si vas en grupo e incluso en pareja y tendrás el guía para vosotros solos. Puedes reservar el tour privado por Alcalá La Real aquí.
En nuestro caso, comenzamos la visita por uno de los lugares menos conocidos de la ciudad, los Jardines de la Trinidad.
JARDINES DE LA TRINIDAD:
Situados junto al antiguo convento de la Trinidad , este espacio es un pequeño oasis dentro del casco urbano. No es uno de los puntos más conocidos, y precisamente por eso conserva ese aire tranquilo que invita a parar. El convento fundado en el siglo XVI alberga una valiosa colección de obras de arte.




Aquí apetece sentarse, desconectar un momento y empezar a entender el ritmo pausado de Alcalá la Real. El jardín no es muy grande pero tiene rincones preciosos, con un bonito y fotogénico palomar y no suele estar muy concurrido .
IGLESIA DE SAN JUAN:
Muy cerca se encuentra la Iglesia de San Juan, uno de esos lugares que quizá no tenías en el radar pero que terminan llamando la atención. Es una de las primeras iglesias de la ciudad, edificada sobre una ermita tardo medieval a finales del siglo XVI principios del XVII. La Iglesia de San Juan no solo destaca por su ubicación o por su bonito acceso, sino también por albergar una de las imágenes con mayor devoción en Alcalá la Real: el Cristo de la Salud.
Su historia se remonta al siglo XVII, cuando llegó a la entonces ermita de San Blas una talla procedente del taller granadino de los Mora. En un primer momento, la devoción surgió entre los miembros de la cofradía y los vecinos más cercanos, pero poco a poco fue extendiéndose hasta convertirse en una de las más importantes de toda la ciudad.
Como ocurrió con tantas obras en esa época, la imagen original se perdió durante los años treinta del siglo XX. Tiempo después fue sustituida por una nueva talla realizada por el escultor José Gabriel Martín Simón, que es la que se conserva en la actualidad.
En esos mismos años también desapareció la ermita de San Blas, lo que llevó a trasladar tanto la imagen como otros elementos a la Iglesia de San Juan. Desde entonces, el Cristo de la Salud ocupa el altar mayor y forma parte esencial de la vida religiosa local.





Uno de los momentos más especiales tiene lugar durante la Semana Santa. Desde 1949, la imagen sale en procesión el Viernes Santo y protagoniza el tradicional encuentro con la Virgen de las Angustias, una escena muy esperada que se repite cada año y que reúne a vecinos y visitantes.
Hablar de Alcalá la Real es hablar de la Fortaleza de la Mota.Fortaleza de la Mota, una ciudad medieval en lo alto de la montaña. Si hay un lugar que define por completo este destino, ese es la Fortaleza de la Mota.
EL RINCÓN DE LOS POETAS:
Antes de llegar a la fortaleza hay un pequeño rincón que mucha gente pasa de largo… y que, sin embargo, esconde más historia de la que parece: el Rincón de los Poetas.
Es un lugar tranquilo, casi discreto, que funciona como una especie de antesala. Aquí el ritmo baja, el ambiente cambia, y empiezas a conectar con todo lo que viene después.


Uno de los elementos más llamativos es el monolito dedicado a las Tres Culturas, donde aparecen representados los símbolos del cristianismo, el islam y el judaísmo. No es casual. Alcalá la Real fue durante siglos tierra de frontera, un lugar marcado por la convivencia y los conflictos entre culturas que dejaron una huella profunda. A sus pies, un fragmento del Libro del Buen Amor añade ese toque literario, acompañado de una curiosidad que siempre genera conversación: hay quien defiende que el Arcipreste de Hita pudo haber nacido aquí.
Muy cerca, el llamado “muro de la memoria” recoge nombres de alcalaínos ilustres en pequeñas piezas de cerámica. Es un detalle sencillo, pero que aporta cercanía y conecta con la historia más reciente del municipio.
Y justo cuando parece que este rincón es solo una pausa antes de subir a la fortaleza… aparece una de las partes más sorprendentes de todo el conjunto. Bajo el cerro de la Mota se esconde la conocida como Ciudad Oculta, una red de galerías excavadas en la roca que formaban parte del sistema defensivo de la ciudad medieval.



Lo realmente interesante es cómo surgieron. Durante el asedio cristiano en el siglo XIV, la clave no estaba solo en derribar murallas, sino en algo mucho más estratégico: el control del agua. La fortaleza resistía gracias a sus aljibes, así que las tropas comenzaron a excavar túneles con la intención de localizar y acceder a estos puntos de abastecimiento. A partir de ahí se desarrolló una auténtica lucha bajo tierra. Mientras desde dentro se protegían los recursos, desde fuera se avanzaba excavando para interceptarlos. Finalmente, el acceso a uno de los principales depósitos de agua fue determinante para el desenlace del asedio.
Ese entramado de galerías, nacido de la necesidad y la estrategia, es lo que hoy conocemos como la Ciudad Oculta.
Recorrerla, cuando está abierta, es una experiencia completamente diferente. Más silenciosa, más íntima… y con ese punto de misterio que hace que entiendas la fortaleza desde otra perspectiva. Nosotros no pudimos entrar pues estaba cerrado ese acceso por seguridad debido a las lluvias, vimos un poco desde las rejas, así que, sin duda, volveremos para visitar esta parte .
FORTALEZA DE LA MOTA:
No es solo un castillo, y eso es lo primero que sorprende. Aquí no vienes a ver una fortificación aislada, sino a recorrer una auténtica ciudad medieval que se conserva dentro de sus murallas. De hecho, es uno de los conjuntos defensivos más completos de Andalucía y está declarado Bien de Interés Cultural. Situada a más de 1.000 metros de altitud, su ubicación no es casual. Durante más de 150 años fue frontera entre el Reino de Castilla y el Reino nazarí de Granada, lo que explica su enorme tamaño y su complejo sistema defensivo. Con 3 líneas de defensa y 7 puerta de acceso, imagina la magnitud de este lugar.
Pero lo más interesante es que todo eso se puede recorrer y cuenta que para ello necesitarás tiempo. Nosotros le dedicamos casi 5 horas y nos hubiésemos quedado más si no fuera por la reserva para comer. Te recomiendo ir a primera hora de la mañana y recorrer todos los espacios con calma. Aún así nos perdimos el acceso más espectacular, el de la Ciudad Oculta, una red de túneles de unos 120 metros de longitud que recorren el subsuelo de la fortaleza hasta llegar a la parte superior. En el momento que la visitamos no se podía acceder. El acceso estaba cerrado por seguridad debido a las intensas lluvias de días anteriores.





Al cruzar la Puerta del Hierro ,actual acceso principal, entras en un espacio donde todavía se percibe claramente cómo era la vida en la Edad Media. Conserva la estructura original almohade y el trazado urbano de la ciudad renacentista, calles empedradas, restos de viviendas y bodegas excavadas en la roca que datan de los siglos XV al XVIII, aljibes para almacenar agua y diferentes zonas que formaban parte del día a día de la población. El trazado urbano medieval superpuesto al islámico es impresionante. Incluso podrás entrar en una botica que parece anclada en el tiempo y bajar al never, una enorme cavidad subterránea que se utilizaba para conservar los alimentos y enfriar las bebidas.
A medida que avanzas, vas descubriendo puntos clave como la Alcazaba, una fortificación militar flanqueada por tres torres, cuando subas a las torres te quedarás asombrado con la panorámica. El recinto amurallado dentro de la Ciudadela se caracteriza por su entrada en doble recodo y si te fijas en sus muros podrás ver las marcas de cantero que facilitaban el cobro del trabajo realizado.
El Bahondillo es el barrio occidental ubicado en una depresión rocosa que alberga viviendas y cuevas que fueron utilizadas como bodega.
La Torre de la Cárcel , fue cárcel real y aljibe principal y aquí podrás subir y te asombrarán sus vistas y podrás ver las atalayas que señalaban la antigua frontera con el reino de Granada, no dejes de bajar a la parte inferior descubrirás una puerta gótico mudéjar de piedra.
Uno de los grandes protagonistas es la Iglesia Mayor Abacial, un edificio renacentista que se alza imponente dentro del recinto. Su presencia refuerza esa idea de ciudad fortificada, donde no solo había funciones militares, sino también religiosas y administrativas. En su interior, además, se proyecta un audiovisual que ayuda a entender la evolución histórica del lugar, algo muy recomendable para completar la visita.
En la Plaza Alta descubrirás el lugar que fue lonja y escenario para actos públicos. Si quieres profundizar aún más, el centro de interpretación aporta contexto y te permite entender mejor cómo se organizaba este enclave fronterizo y por qué fue tan importante durante siglos.
Otro de los aspectos que marcan la experiencia son las vistas. Desde cualquier punto elevado de la fortaleza, el paisaje se abre completamente: un mar de olivos que se extiende hasta donde alcanza la vista y las sierras que rodean la comarca. Es uno de esos lugares donde apetece parar, sin más.
La visita no es rápida. Si quieres recorrerla bien, lo ideal es dedicarle varias horas. Es uno de esos sitios que se disfrutan despacio, descubriendo cada rincón sin prisas. Te recomendamos llevar calzado cómodo y agua. Aunque en la Alcazaba cuentan con una cafetería.
Además, en determinadas fechas se organizan actividades como exhibiciones de aves rapaces y talleres de cetrería, incluidos con la entrada, que añaden un punto diferente a la experiencia.
Eso sí, conviene tener en cuenta que algunas zonas pueden estar cerradas temporalmente, como ocurre en ocasiones con las galerías subterráneas conocidas como la Ciudad Oculta, especialmente tras periodos de lluvias. Si quieres acceder por la Ciudad Oculta es mejor que confirmes con anterioridad en la oficina de turismo.
En cualquier caso, visitar la Fortaleza de la Mota no es solo una parada más en Alcalá la Real. Subir hasta aquí no es solo una visita cultural, es también uno de los mejores miradores de toda la provincia. Puedes reservar tu entrada a la Fortaleza de la Mota aquí. o si prefieres una visita más completa, guiada, puedes hacerlo aquí.
FUENTE DE LA MORA:
A los pies del casco histórico se encuentra la Fuente de la Mora, uno de esos lugares que mezclan historia y leyenda. Se sitúa frente a la Iglesia de Consolación, en pleno inicio de la Calle Real, y durante siglos fue uno de los principales puntos de abastecimiento de agua de la ciudad. Su origen está vinculado a los manantiales que nacen en el entorno del Cerro de las Cruces.
Como suele ocurrir con este tipo de fuentes, también tiene su propia historia popular, lo que la convierte en una parada interesante más allá de lo puramente visual. A simple vista puede parecer una fuente más, pero lo cierto es que está directamente ligada a uno de los momentos más decisivos de la historia de Alcalá la Real.
Durante el siglo XIV, cuando la Fortaleza de la Mota aún estaba en manos musulmanas, el control del agua se convirtió en un elemento clave. Los cristianos, conscientes de que el abastecimiento era limitado, optaron por una estrategia poco habitual: debilitar la resistencia atacando precisamente ese recurso. Mientras tanto, desde el interior de la fortaleza, se buscaban soluciones para asegurar el suministro, lo que llevó a la construcción de accesos subterráneos y sistemas ocultos que acabarían dando lugar a lo que hoy conocemos como la Ciudad Oculta. En ese contexto de tensión, necesidad y supervivencia nace también una de las leyendas más conocidas de la localidad.

Cuenta la tradición que una joven mora, de gran belleza, bajaba hasta esta fuente para recoger agua. En uno de esos viajes se encontró con un capitán cristiano que quedó prendado de ella. Lo que comenzó como un encuentro casual acabó convirtiéndose en una historia de amor imposible, marcada por las diferencias entre ambos mundos. A pesar del peligro, la joven siguió acudiendo a la fuente, convirtiendo ese lugar en punto de encuentro. Pero como ocurre en muchas leyendas, la historia no tuvo un final feliz. Al descubrir la relación, su padre, movido por el honor y la furia, decidió poner fin a la situación de la forma más trágica. Se dice que la joven murió allí mismo, junto a la fuente, y que su sangre se mezcló con el agua que tantas veces la había llevado hasta ese lugar. Desde entonces, este rincón pasó a conocerse como la Fuente de la Mora.
PALACETE DE LAS HILANDERAS:
Si te apetece hacer una visita diferente en Alcalá la Real, el Palacete de las Hilanderas es uno de esos lugares que sorprenden. Desde fuera ya intuyes que no es una casa cualquiera, pero es al cruzar la puerta cuando realmente empieza la experiencia. Este edificio señorial, construido entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, conserva ese ambiente elegante de otra época. Durante la visita vas recorriendo sus estancias como si te adentraras en una vivienda detenida en el tiempo. Primero llegan las salas principales, donde todavía se pueden ver los muebles originales, detalles decorativos y ese cuidado por la estética que marcaba las casas acomodadas de entonces. Techos con pinturas, estucos, rejerías… pequeños detalles que hablan sin necesidad de explicaciones. Uno de los momentos más especiales es subir por su escalera de caracol, una de esas piezas que no solo conectan plantas, sino que también aportan carácter al conjunto. A medida que avanzas, el recorrido se vuelve más completo. No es solo una casa, es también un pequeño viaje por distintas temáticas: desde espacios dedicados a la artesanía hasta una curiosa colección de cámaras fotográficas antiguas que añade un punto diferente a la visita. También se accede a zonas más funcionales de la vivienda, como la cocina, el comedor o la bodega, lo que ayuda a imaginar cómo era el día a día en este tipo de casas. La visita, que suele durar aproximadamente una hora, se hace muy amena y es perfecta para quienes quieren añadir un plan distinto al recorrido por la ciudad.

Puedes consultar horarios y reservar la visita al Palacete de las Hilanderas aquí.
LA IGLESIA DE LA CONSOLACIÓN:
Muy cerca de la Fuente de la Mora se alza la Iglesia de Consolación, uno de los templos más importantes de Alcalá la Real y una parada clave para entender la evolución de la ciudad. También conocida como Santa María la Mayor, esta iglesia pasó a convertirse en el principal centro religioso tras el abandono de la Iglesia Mayor Abacial de la Fortaleza de la Mota. Con el paso del tiempo, el corazón de la ciudad fue descendiendo desde la fortaleza hacia el actual casco urbano… y con él, también sus espacios más representativos.
Su construcción comenzó en el siglo XVI, impulsada por los franciscanos de la Orden Tercera. Como ocurría en muchos proyectos de la época, avanzó lentamente por falta de recursos, aunque a finales de ese mismo siglo gran parte del edificio ya estaba levantado. Las obras continuaron durante el siglo XVII, cuando se completaron espacios como la sacristía, el claustro y la capilla mayor, y ya en el XVIII se añadió la torre, que hoy es uno de sus elementos más reconocibles.




A nivel arquitectónico, la iglesia responde principalmente al estilo renacentista, algo que se aprecia tanto en su equilibrio como en la sensación de orden que transmite. Sin embargo, esa torre que se eleva junto a la fachada introduce un contraste interesante, ya que pertenece a una etapa posterior y presenta rasgos barrocos. En el interior, el espacio se organiza en forma de cruz latina, con una nave amplia cubierta por una gran bóveda que, aunque es de ladrillo, está trabajada de forma que simula piedra. A lo largo de los laterales se abren pequeñas capillas que conservan retablos barrocos y diferentes piezas artísticas, lo que aporta riqueza al conjunto. Pero si hay una imagen especialmente importante aquí es la de la Virgen de las Mercedes, patrona de Alcalá la Real. Su historia está muy arraigada en la tradición local y su devoción se remonta siglos atrás. La talla actual, realizada tras la Guerra Civil para sustituir a la original, representa a la Virgen con el Niño en brazos, con una estética delicada y muy reconocible para los alcalaínos.
PALACIO ABACIAL:
Otro de los imprescindibles es el Palacio Abacial, actual Museo Arqueológico de Alcalá la Real. Aquí el recorrido cambia completamente de ritmo. Pasas del paseo al descubrimiento, con una colección que abarca desde la prehistoria hasta la Edad Media. Si quieres entender de verdad la historia de Alcalá la Real, hay una visita que merece mucho la pena: el Palacio Abacial.
A simple vista ya llama la atención. Este edificio, levantado a finales del siglo XVIII, nació como nueva residencia de los abades tras abandonar el antiguo palacio que se encontraba dentro de la Fortaleza de la Mota. Con el tiempo, varias construcciones se unificaron para dar forma a este conjunto, que hoy conserva ese aire señorial tan característico.





Pero lo interesante empieza al entrar. Tras años de rehabilitación, el palacio se ha convertido en el Museo Municipal, un espacio pensado para recorrer la historia de Alcalá la Real desde sus orígenes hasta épocas más recientes. Y lo hace de una forma bastante dinámica, combinando piezas originales con recursos más actuales. La visita comienza casi sin darte cuenta, pasando de una sala a otra mientras avanzas por distintas etapas históricas. Desde los primeros asentamientos prehistóricos, pasando por el mundo íbero y romano, hasta llegar a la Edad Media, uno de los momentos clave para entender la ciudad.
Uno de los espacios que más sorprenden es el patio interior. Con su estructura de galerías y columnas, funciona como el corazón del edificio y es uno de esos rincones donde apetece detenerse un momento antes de continuar. A lo largo del recorrido también aparecen salas dedicadas a la geología, los fósiles o la vida cotidiana en otras épocas, lo que hace que la visita sea bastante completa y variada. Entre sus piezas más destacadas se encuentra el conocido tesorillo califal, fechado entre los siglos X y XI, que refleja la importancia histórica de este territorio durante la época andalusí
PASEO DE LOS ALAMOS:
El Paseo de los Álamos es uno de los lugares más agradables , un espacio ajardinado, con zona de parque infantil y que reúne varios elementos históricos en un mismo entorno: el antiguo convento de los Capuchinos, la Iglesia de San Antón, el monumento al escultor Pablo de Rojas y el Pilar de los Alamos.



EL PILAR DE LOS ALAMOS:
Muy cerca del Paseo de los Álamos, aparece uno de esos elementos que conectan directamente con la historia de la ciudad: el Pilar de los Álamos.
Se trata de una fuente renacentista construida en 1552, que durante siglos no fue solo un elemento decorativo, sino una pieza clave en el abastecimiento de agua de Alcalá la Real. Hasta aquí llegaban las aguas procedentes de un manantial conocido como “la Mina”, situado en las inmediaciones de Los Llanos. Más allá de su función, lo que realmente llama la atención es su diseño. El frontis, realizado en piedra, está cuidadosamente trabajado y presenta un gran relieve donde dos figuras sostienen el escudo de la ciudad. A ambos lados aparecen dos grifos, criaturas mitológicas con cuerpo de león y cabeza de águila, tradicionalmente asociadas a la protección y la vigilancia. No es un detalle casual. Alcalá la Real fue durante más de un siglo una ciudad clave en la frontera del Reino de Castilla, y ese papel defensivo quedó reflejado incluso en su simbología. De hecho, en el propio escudo aparece la inscripción que define perfectamente su importancia histórica: “Llave, guarda y defendimiento de los reinos de Castilla”, un título concedido por los Reyes Católicos. El pilar, atribuido a maestros del Renacimiento andaluz vinculados a figuras como Jacobo Florentino, es un buen ejemplo de cómo incluso las infraestructuras más funcionales se concebían también como elementos representativos.



CONVENTO DE LOS CAPUCHINOS:
Dentro del entorno del Paseo de los Álamos, en su zona sur, se encuentra el antiguo Convento de los Capuchinos, uno de esos edificios que han sabido adaptarse al paso del tiempo cambiando de función sin perder del todo su esencia. Fue levantado a mediados del siglo XVII por los frailes franciscanos capuchinos, que se establecieron en Alcalá la Real en ese momento. Durante años, este espacio tuvo un papel importante dentro de la vida religiosa de la ciudad, hasta que todo cambió en el siglo XIX.
Con la llegada de las desamortizaciones en 1835, el convento dejó de tener uso religioso y pasó a manos privadas. A partir de ahí, su historia dio un giro curioso: primero se convirtió en vivienda y, más tarde, en una almazara de aceite, algo bastante habitual en la época. Con el paso de los años, el edificio fue transformándose. A comienzos del siglo XX se modificó su fachada original, añadiendo una llamativa escalinata doble y grandes ventanales que le dan el aspecto que vemos hoy. Del interior, sin embargo, apenas se conserva la estructura básica de la antigua iglesia, con una única nave, capillas laterales y un vestíbulo a los pies. Otro detalle interesante es que la capilla original del convento fue trasladada a lo que hoy es la Iglesia de San Antón, lo que explica la conexión entre ambos espacios dentro del paseo.
Actualmente, el edificio alberga el Archivo y la Biblioteca Municipal, lo que le da una nueva vida vinculada a la cultura y al conocimiento
IGLESIA DE SAN ANTON:
Frente al Paseo de los Álamos se levanta la Iglesia de San Antón, un templo que, aunque a primera vista puede parecer discreto, tiene algunos detalles bastante interesantes si te paras a observarlo con calma. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando en este lugar existía una pequeña ermita dedicada a San Antonio Abad. Con el paso del tiempo, el edificio fue deteriorándose hasta quedar en mal estado, lo que llevó a su demolición. La iglesia actual comenzó a construirse en 1753, dando lugar a un nuevo templo que aún hoy conserva ese aire entre lo barroco y lo neoclásico tan característico de la época.
Uno de los aspectos más curiosos es su forma. A diferencia de otras iglesias más tradicionales, su planta es elíptica, algo poco habitual, a partir de la cual se abren pequeños espacios que corresponden a la cabecera, los pies y las capillas laterales. La fachada, por su parte, combina distintos elementos decorativos. En la parte inferior destaca la portada con arco de medio punto, mientras que en niveles superiores aparecen hornacinas, columnas y una espadaña que remata el conjunto con un aire claramente barroco. En el interior, el espacio es más sobrio, pero guarda algunas piezas de interés, como la imagen de la Virgen de la Aurora, muy vinculada a la tradición de la ciudad. Además, junto a la iglesia se encuentra la Capilla del Cristo de la Misericordia, que originalmente formaba parte del antiguo convento de los Capuchinos. Aunque a la Capilla solo se puede acceder en horario de misas, cuenta con una puerta de rejas a través de la cual se puede ver perfectamente la imagen del Cristo de la Misericordia.



MONUMENTO A PABLO DE ROJAS:
En el Paseo de los Álamos, justo frente a la Capilla del Cristo de la Misericordia, si te fijas, verás el monumento dedicado a Pablo de Rojas.
Se trata de una escultura en bronce relativamente reciente, instalada en 2006, que rinde homenaje a uno de los artistas más importantes vinculados a Alcalá la Real. La obra representa al escultor en pleno trabajo, con mazo y gubia en las manos, vestido con la indumentaria propia de su oficio. Su postura, apoyado sobre un pequeño taburete, y la expresión de su rostro, algo melancólica, transmiten esa idea de artista concentrado, casi absorbido por su creación. Pero más allá de la escultura, lo interesante es la figura a la que representa.
Pablo de Rojas nació en Alcalá la Real a mediados del siglo XVI y está considerado una figura clave en la evolución de la escultura andaluza. Fue uno de los grandes impulsores de la escuela granadina y maestro de Juan Martínez Montañés, que acabaría convirtiéndose en referente de la imaginería sevillana. Su obra marcó un antes y un después. Frente a la tradición anterior, más vinculada a los retablos, comenzó a dar mayor protagonismo a la escultura como pieza independiente, pensada para ser contemplada de cerca. Sus imágenes destacan por un mayor realismo y por una forma de representar lo religioso mucho más humana y cercana. Gran parte de su trayectoria se desarrolló en Granada, donde estableció su taller y trabajó en un momento de gran actividad artística, con numerosas iglesias y conventos en construcción. Desde allí, su influencia se extendió por buena parte de Andalucía oriental.
PLAZA ARCIPRESTE DE HITA:
El recorrido continúa hacia la Plaza Arcipreste de Hita, uno de los centros neurálgicos de Alcalá la Real. Aquí se encuentra el Ayuntamiento, rodeado de casas señoriales que reflejan el pasado histórico de la localidad.
AYUNTAMIENTO DE ALCALÁ LA REAL:
El Ayuntamiento de Alcalá la Real es uno de esos edificios que, sin necesidad de grandes dimensiones, consigue llamar la atención por su presencia y por el papel que ha tenido en la vida de la ciudad. Su construcción se remonta a 1733 y no se entiende sin el conjunto del que forma parte. En ese momento también se ordenó la plaza y las conocidas como Casas de Enfrente, creando un espacio amplio, abierto y con una estética muy equilibrada que todavía hoy se percibe al pasear por la zona. El edificio se levantó en poco más de un año y medio y presenta una estructura muy proporcionada, organizada en tres niveles y marcada por una clara simetría. Su estilo responde a un barroco con influencia clásica, algo que se aprecia especialmente en la fachada.


Uno de los elementos que más destacan es su portada, realizada en mármol rojo y negro, donde aparece el escudo de la ciudad enmarcado con cierto protagonismo. A esto se suman otros detalles que enriquecen el conjunto, como el escudo real de Felipe V en la planta principal o la galería superior, donde los arcos se decoran con pequeñas figuras que representan vicios y pecados capitales, un guiño simbólico bastante habitual en la arquitectura de la época. Pero si hay algo que suele llamar la atención es su reloj. Instalado en 1803, no solo marca las horas, sino que también indica las fases lunares, un detalle poco común que añade un punto de curiosidad al edificio.
LAS CASAS DE ENFRENTE:
Frente al Ayuntamiento se encuentran las conocidas como Casas de Enfrente, un conjunto que forma parte esencial de la imagen de esta plaza y que ayuda a entender cómo se organizaba la vida en Alcalá la Real en épocas pasadas. En su origen, este edificio fue concebido como una lonja, es decir, un espacio destinado a actividades comerciales y de intercambio. No era solo un lugar de paso, sino un punto clave dentro del día a día de la ciudad.


Su fachada, al igual que la del Ayuntamiento, destaca por el equilibrio y la simetría. Se organiza en tres niveles bien definidos. En la parte inferior aparece una galería porticada con siete arcos apoyados sobre pilares, una estructura muy característica de muchas plazas españolas, pensada para resguardar a quienes transitaban o comerciaban incluso en días de lluvia o sol intenso. En el nivel intermedio se abren balcones que aportan verticalidad al conjunto, acompañados por elementos decorativos como escudos en los extremos. Y en la parte superior, la estructura vuelve a abrirse en forma de galería con arcos de medio punto, reforzando esa sensación de continuidad y armonía en todo el edificio.
MONUMENTO JUAN MARTINEZ MONTAÑÉS:
En la plaza, muy cerca del Ayuntamiento y las Casas de Enfrente, hay otro detalle que conecta directamente con la historia artística de Alcalá la Real: el monumento dedicado a Juan Martínez Montañés.
Se trata de una escultura en bronce situada en la Plaza del Salvador, creada a comienzos del siglo XX y vinculada al contexto de la Exposición Iberoamericana de 1929. La obra, realizada por el escultor Agustín Sánchez-Cid, rinde homenaje a uno de los nombres más importantes de la escultura barroca española. El conjunto se apoya sobre un pedestal de mármol blanco con formas cuidadas y detalles decorativos en relieve, donde aparecen figuras de ángeles en las esquinas. En la parte superior, el propio Martínez Montañés aparece representado en actitud serena, sosteniendo una de sus obras más conocidas: la Inmaculada Concepción, conocida popularmente como “la Cieguecita”.

Pero más allá del monumento, lo interesante es la figura que representa. Nacido en Alcalá la Real en el siglo XVI, Martínez Montañés se convirtió en uno de los grandes referentes de la escultura en madera policromada. Su obra marcó profundamente el desarrollo del arte barroco, especialmente en Sevilla, donde desarrolló gran parte de su trayectoria y donde llegó a ser conocido como el “Dios de la madera”, un apodo que refleja bien el respeto que despertaba en su tiempo. Su estilo se caracterizaba por el equilibrio, la serenidad y un realismo muy cuidado, fruto en parte de su formación junto a Pablo de Rojas. Además, su influencia no se limitó a Andalucía. A través de sus obras y de sus discípulos, su forma de entender la escultura llegó también a América, donde dejó una huella importante, especialmente en ciudades como Lima.
Muy cerca también se puede visitar la Iglesia de los Agustinos, otro de los edificios que forman parte del patrimonio religioso del municipio.
IGLESIA DE LAS ANGUSTIAS:
Otro de los templos que merece una parada en el recorrido es la Iglesia de las Angustias, un edificio que mezcla historia, arte y tradición en un espacio bastante singular. Su construcción comenzó a mediados del siglo XVIII y se prolongó durante varias décadas, lo que explica esa combinación de estilos que se percibe al observarla. Por un lado, mantiene elementos del barroco, mientras que por otro incorpora rasgos más propios del neoclasicismo, dando lugar a un conjunto equilibrado y con personalidad propia.
El proceso de edificación se desarrolló en dos etapas bien diferenciadas. En una primera fase se levantó la capilla mayor, y posteriormente se completaron la nave y otros espacios como la sacristía. Todo ello fue posible gracias al impulso del Cabildo Municipal, junto con la colaboración de la Abadía y las aportaciones de los propios vecinos. Aunque el proyecto original contemplaba una torre, esta nunca llegó a construirse, algo que hoy forma parte de la identidad del edificio.




En el interior, el espacio sorprende por la calidad de su construcción. La bóveda de piedra, trabajada con gran precisión, y la cúpula con linterna generan un interesante juego de luces y sombras que cambia a lo largo del día. Además, la iglesia conserva elementos de gran valor, como un retablo dedicado a Santo Domingo de Silos, patrón de Alcalá la Real, y diversas piezas procedentes de la antigua parroquia que llevó su nombre. Entre ellas destaca la pila bautismal, un elemento con mucha carga simbólica, ya que en ella fueron bautizados personajes tan importantes como Martínez Montañés o Pablo de Rojas. La imagen actual de la Virgen de las Angustias, muy vinculada a la tradición local, sustituye a la original, que se perdió en el siglo XX.
BARRIO DE LAS CRUCES:
A medida que avanzas, el terreno empieza a subir… y llegas a uno de los lugares con más encanto: el barrio de las Cruces. Situado en ladera, frente a la fortaleza, este barrio conserva ese aire auténtico de los pueblos andaluces, con calles estrechas, casas encaladas y rincones llenos de historia. Situado en la ladera del cerro que lleva su nombre, justo frente a la Fortaleza de la Mota, este barrio es una mezcla perfecta de historia, tradición y algunas de las mejores vistas de Alcalá la Real. Pero lo que realmente lo hace especial no es un monumento en concreto, sino el conjunto.
Aquí todo invita a perderse un poco. Las calles son estrechas, con pendientes constantes y ese trazado irregular tan típico de los barrios antiguos andaluces. No hay un recorrido marcado como tal, y precisamente ahí está su encanto: ir descubriendo pequeños rincones, miradores improvisados y detalles que aparecen casi sin buscarlos. El nombre del barrio viene de las cruces blancas que, durante siglos, formaban un Vía Crucis que ascendía por el cerro. Aunque hoy no se conservan todas, todavía quedan algunas repartidas por las calles, recordando ese pasado tan ligado a la tradición religiosa. A medida que avanzas, van apareciendo algunos de los puntos más interesantes de esta zona: pequeñas ermitas como la de San Marcos o la de la Verónica, miradores con vistas abiertas hacia la fortaleza y espacios ligados al agua como la conocida Caseta del Nacimiento. Todo forma parte de un recorrido que mezcla naturaleza, historia y vida local. Y cuando llegas a la parte más alta, el paisaje se abre por completo. El entorno de Los Llanos marca ese cambio, con una sensación de amplitud total y unas vistas que invitan a parar un buen rato.
Aquí se concentran algunos de los mejores miradores de Alcalá la Real, además de varias ermitas y elementos tradicionales como las cruces blancas que dan nombre al barrio, muchas de ellas vinculadas a un antiguo Vía Crucis. Es, sin duda, una de las zonas más especiales para pasear. Te dejamos aquí enlace a nuestro artículo con los mejores miradores de la ciudad , algunos en el Barrio de las Cruces.
CAPILLA DEL ECCE HOMO:
Entre los rincones que vas descubriendo al recorrer el barrio de las Cruces, hay uno que tiene un significado especial dentro de la tradición local: la Capilla del Ecce Homo. Este pequeño templo fue, en su origen, la primera estación del antiguo Calvario que los franciscanos del convento de la Consolación establecieron en el Cerro de las Cruces. Su construcción se remonta al siglo XVII, lo que explica ese aire sencillo pero cargado de historia que se percibe nada más llegar. En su interior se encuentra la imagen del Ecce Homo, una talla de escuela granadina que llegó a Alcalá la Real en el siglo XX para sustituir a la original, desaparecida durante la Guerra Civil. Desde entonces, se ha convertido en una de las imágenes más representativas de esta zona. El espacio es recogido, pero guarda algunos detalles interesantes, como el retablo de estilo neogótico sobre el que se sitúa la imagen o varias piezas que ayudan a contextualizar su valor devocional.


Pero más allá de lo que se ve, este lugar cobra especial sentido en el mes de mayo. Es entonces cuando el barrio se transforma por completo con la celebración de la Fiesta de la Santa Cruz. Las calles se llenan de vida y las fachadas se decoran con mantones, macetas, cerámicas y elementos tradicionales, creando un ambiente muy especial. La capilla se convierte en uno de los puntos centrales de esta celebración, que hoy en día es una de las más arraigadas de Alcalá la Real.
VENERO DE SAN MARCOS:
En la base del Cerro de las Cruces se encuentra la conocida Caseta del Agua, también llamada El Nacimiento o Venero de San Marcos. Este pequeño edificio del siglo XVII protegía uno de los principales manantiales que abastecieron a la ciudad durante siglos. Desde aquí partía el agua hacia fuentes y pilares repartidos por Alcalá la Real. Muy cerca comienza la Ruta de los Zumaques, un sendero perfecto para quienes quieren combinar naturaleza y vistas. A lo largo del recorrido, el paisaje va cambiando entre vegetación mediterránea, cortados rocosos y panorámicas constantes de la fortaleza. Y, desde el mismo punto de partida, puedes recorrer el Parque de las Esculturas, un espacio al aire libre donde se integran esculturas contemporáneas con vistas hacia la ciudad. Las esculturas han sido talladas en la roca por un vecino de la ciudad, Vicente. Además de la belleza de las esculturas y el entorno, acabarás llegando a un mirador espectacular que te dejará sin palabaras.




Es un buen cierre para la visita, especialmente si te gusta terminar el día caminando.
GASTRONOMIA EN ALCALÁ LA REAL:
Si hay algo que termina de completar la visita a Alcalá la Real es sentarse a la mesa. Porque aquí la gastronomía no es solo un complemento, es una parte más del viaje. Una cocina muy ligada a la tierra, al producto y a esas recetas que se han mantenido con el paso del tiempo sin necesidad de reinventarse. Y todo empieza por lo más básico… pero también lo más importante: el aceite de oliva virgen extra. Estás en plena provincia de Jaén, así que aquí el aceite no es solo un ingrediente, es la base de todo. Se nota en los guisos, en las carnes, en las tostadas… en cada plato. Entre las recetas más típicas hay una que llama especialmente la atención: el pollo a la secretaria. Un plato muy vinculado a la localidad, con ese punto casero que lo hace diferente y que suele aparecer en muchas cartas de la zona. Pero la cocina de Alcalá la Real va mucho más allá. Aquí siguen teniendo mucho peso los platos de cuchara, de esos que reconfortan: guisos tradicionales, arroces caldosos o carnes cocinadas a fuego lento, muy en la línea de la cocina de siempre. También es muy habitual encontrar productos derivados de la matanza, como embutidos o lomo en aceite, que forman parte de la tradición gastronómica y siguen muy presentes en bares y restaurantes. Y luego está el tapeo, que aquí se disfruta sin prisas. Ir de bar en bar, pedir algo de beber y dejarse sorprender con lo que llega a la mesa es casi un plan en sí mismo.
Para terminar, el toque dulce tampoco falta. Dulces tradicionales, muchos de ellos ligados a festividades, que siguen elaborándose de forma artesanal y que ponen el broche final perfecto. Roscos, pestiños, tortas caseras… recetas sencillas, muchas ligadas a celebraciones, que siguen sabiendo a cocina de casa y que ponen el broche perfecto a cualquier comida.”
DONDE COMER EN ALCALÁ LA REAL:
En cuanto a la elección del restaurante, la verdad es que en todos los que hemos estado de Alcalá la Real nos ha encantado su cocina. No sabria decirte con cual quedarme así que, te lo cuento y elige tu.
RESTAURANTE EL QUINTO DEL CABILDO: Ubicado en una zona céntrica de Alcalá la Real, es de esos lugares que combinan cocina tradicional con buen producto y un ambiente muy agradable. Aquí vienes a comer tranquilo, sin prisas, disfrutando tanto de la comida como del momento. La carta recoge platos de siempre, bien ejecutados y con ese punto casero que se agradece. Entre lo que probamos, destacan las croquetas, cremosas y con mucho sabor, una ensalada de temporada fresca y equilibrada, y varios platos de carne que son un acierto seguro. La pluma ibérica, jugosa y en su punto, o los medallones de solomillo, tiernos y bien trabajados, son de esos platos que no fallan. Y si te apetece algo más clásico, los flamenquines siguen siendo una apuesta segura. Pero más allá de la comida, hay algo que marca la diferencia: el ambiente. Es un sitio con muy buen rollo, cuidado pero sin resultar formal, perfecto tanto para una cena en pareja como para compartir con amigos. A eso se suma un trato cercano, de esos que hacen que te sientas cómodo desde el primer momento.




RESTAURANTE LA FORTALEZA: A unos pasos de la Iglesia de la Consolación y la Ermita del Ecce Homo. Cuenta con terraza exterior y dos comedores ( planta baja y planta alta) . Aquí tomamos unas migas, berenjenas fritas con miel que estaban exquisitas, calamares fritos, secreto, lagarto y tarta de queso y de whisky. Una buena elección para comer o cenar, sin duda. La atención fue excelente.




RESTAURANTE RINCÓN DE PEPE: Aquí encontrarás tapas innovadoras y platos de cocina tradicional. Buen repertorio de tapas y vinos de la Tierra. Obtuvo el premio a la mejor tapa de Alcalá la Real. La presentación es fantástica y la elaboración de lo mejor . Tomamos los flamenquines, empanadillas de rabo de toro ( un manjar) , asado de lomo con bacon y dátiles, espárragos verdes, y de postre Tiramisu, ferrero gigante y corazón de frutos rojos. No te pierdas el ferrero gigante, está increíble.





RESTAURANTE SOL Y LUNA: Sin duda, este es sorprendente. No está en el centro pero te aseguro que vale la pena desplazarse para probar sus propuestas. Es un restaurante muy amplio, preparado para eventos y con una decoración preciosa. En la carta encontrarás de todo y por lo que pudimos probar nosotros, de todo y buenísimo. Nos decidimos por Croquetas de queso de cabra con cebolla caramelizada y de pisto con huevo de codorniz, Solomillo de Cerdo con salsa de pimienta, Risotto de carrillera y boletus . No podría recomendarte uno de los platos, te los recomiendo todos . Este lugar es un acierto!




DONDE DORMIR EN ALCALÁ LA REAL:
En cuanto al alojamiento, nosotros, nos alojamos en el Hotel TorrePalma. Si buscas algo céntrico, sin demasiadas pretensiones, y económico, no está mal. Está limpio y tiene wifi. En la parte negativa, no tienen servicio de desayuno, ni en el hotel ni en una cafeteria/restaurante que, al parecer, en tiempos mejores funcionaba justo al lado del hotel. A cambio puedes sacar un café de la maquina que hay al lado de la recepción , aquí puedes escoger hasta capuchino, es una de esas máquinas como las que hay en los hospitales y en la habitación tienes una pequeña nevera y calentadora de agua ( no cafetera) Y hablando de la recepción no funciona las 24 horas, eso si, cuando están son super amables y cuando no, a cambio tendrás un código de acceso para una puerta lateral para que no tengas problemas a ninguna hora. Las habitaciones cumplen su labor pero las ventanas, al menos a la de la nuestra no le vendría mal un repaso al aislamiento y cierre . La parte positiva es que es una zona muy tranquila y no se oye demasiado ruido por la noche.



Si te alojas aquí te recomiendo para desayunar el Cafe/bar El Parque, en el Paseo de los Alamos. Cuenta con un espacio estupendo, el interior acristalado y los desayunos son muy completos y a buen precio. No dejes de probar los churros!
Y si tienes tiempo, Alcalá la Real está a una hora y media aproximadamente de Córdoba, un lugar que no deberías perderte en Andalucía. Te dejamos nuestra Guía de Córdoba aquí. y a 90 minutos tienes otro destino poco conocido y muy recomendable, Andújar, Te dejamos nuestra Guía de Andújar aquí.
Y hasta aquí nuestro viaje a esta maravilla de destino. Una visita organizada de Turismo Alcalá La Real y MDM On Line.
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