GUIA PARA UNA VISITA INOLVIDABLE POR LA COSTA DA MORTE, GALICIA
¿Por qué un lugar tan lleno de vida, de pueblos marineros, playas, gastronomía y paisajes increíbles se llama Costa da Morte? Quizá su nombre sea lo primero que nos llame la atención cuando pensamos en este rincón de Galicia. Y sí, detrás de él hay una historia marcada por naufragios, temporales y un Atlántico que durante siglos puso a prueba a quienes se aventuraban a navegar por estas aguas. Pero reducir la Costa da Morte a su nombre sería quedarse únicamente con una pequeña parte de todo lo que es. Situada en el noroeste de la provincia de A Coruña, esta franja del litoral gallego combina acantilados, cabos, playas, pequeñas rías, islas y pueblos marineros, junto a un interior donde encontramos bosques, ríos, patrimonio megalítico y tradiciones que todavía forman parte de la vida cotidiana. Aquí el paisaje cambia constantemente. Podemos pasar de las aguas tranquilas de una ría a los acantilados abiertos al Atlántico, caminar por un enorme arenal o llegar hasta un faro desde el que solo vemos océano. Y el mar está presente en prácticamente todo: en la pesca y el marisqueo, en el trabajo de los percebeiros, en las historias de los marineros, en la gastronomía y en muchas de las tradiciones que han llegado hasta nuestros días.
¿Por qué se llama Costa da Morte?
El nombre tiene mucho que ver con la relación, a veces difícil, entre esta tierra y el océano. Durante siglos, numerosos barcos naufragaron frente a esta costa debido a sus acantilados, bajos rocosos, fuertes corrientes y temporales. Algunas de aquellas tragedias quedaron profundamente grabadas en la memoria de los pueblos marineros y todavía hoy forman parte del paisaje y de la historia de la comarca. Uno de los naufragios más conocidos fue el del HMS Serpent, que se hundió frente a Camariñas en 1890. Los marineros fallecidos fueron enterrados en el conocido Cementerio de los Ingleses, situado cerca de Cabo Vilán. Las cruces junto a los acantilados, los cementerios frente al mar y los recuerdos de quienes perdieron la vida navegando nos recuerdan esa parte de la historia.
Una tierra mirando al fin del mundo
Mucho antes de que se utilizara el nombre de Costa da Morte, este territorio ya estaba rodeado de misterio. En Fisterra, el extremo occidental de la península, los romanos situaron el Finis Terrae, el lugar que durante la Antigüedad se asociaba con el final de la tierra conocida. El océano se abría frente a quienes llegaban hasta este punto y el sol desaparecía cada día sobre el Atlántico. Con el paso del tiempo, esta tradición se mezcló con la historia del Camino de Santiago, convirtiendo Fisterra en uno de los lugares más simbólicos de esta costa.
Mucho más que naufragios
Pero basta recorrer unos kilómetros para descubrir que la Costa da Morte tiene muchas más historias que contar. Es una tierra de pueblos marineros, percebeiros, pescadores, mariscadoras y artesanos, de lonjas, puertos y mercados. También es territorio de productos que forman parte de la identidad gallega, desde los pescados y mariscos del Atlántico hasta los productos de su interior.
Y lejos de la costa encontramos otra cara del territorio: bosques, ríos, molinos, castros, dólmenes, pazos y pequeñas aldeas que ayudan a entender cómo se ha vivido aquí durante siglos.
Nuestra ruta por la Costa da Morte
Durante esta ruta vamos a recorrer algunos de esos lugares que nos han permitido conocer la Costa da Morte desde diferentes perspectivas. Y esto será solo una parte del viaje. Porque la Costa da Morte es un territorio para recorrer despacio, desviarse de la carretera cuando algo llama nuestra atención y dejar espacio para esas pequeñas historias que muchas veces terminan siendo las que más recordamos.
Esta es la Costa da Morte que queremos enseñarte: la de sus paisajes, sus pueblos, sus oficios, su gastronomía y, sobre todo, la de las personas que mantienen viva la identidad de esta tierra frente al Atlántico.
Su paisaje es el primer impacto: acantilados, playas salvajes, faros frente al Atlántico, pequeños puertos pesqueros y pueblos donde el mar continúa marcando el ritmo de la vida. Pero después de recorrerla y, sobre todo, de acercarnos a las personas que trabajan vinculadas al mar, resulta evidente que la Costa da Morte es mucho más que un destino de naturaleza.
Aquí hay mujeres que bajan a la playa para mariscar, percebeiros que conocen como pocos la fuerza del océano, pescadores, distribuidores que hacen posible que el producto llegue a las cocinas, redeiras que siguen reparando los aparejos de pesca y transformándolos en nuevas piezas y palilleiras que mantienen vivo uno de los oficios artesanales más reconocibles de Galicia.
Y quizá sea precisamente eso lo que hace especial este rincón de la costa coruñesa: que detrás de cada paisaje hay una historia y detrás de cada producto hay personas.
Esta es nuestra propuesta para descubrir Costa da Morte en tres días, combinando lugares imprescindibles, gastronomía, alojamientos y, sobre todo, esas historias humanas que ayudan a comprender el destino. Y si quieres disfrutarlo al máximo, recuerda que la mejor época es durante los meses de septiembre a abril.
Día 1. De Muxía a Camariñas: empezar mirando al Atlántico
El viaje puede comenzar en Muxía, una de las villas marineras más vinculadas a la esencia de Costa da Morte.
Su lugar más emblemático es el Santuario da Virxe da Barca, situado frente al Atlántico en un entorno donde patrimonio, paisaje, tradición y leyenda se mezclan. A su alrededor encontramos algunas de las conocidas como piedras «abaladoiras», entre ellas la Pedra de Abalar, la Pedra dos Cadrís y la Pedra do Timón.


Desde aquí comenzamos a recorrer la costa en dirección a Camariñas, entrando poco a poco en uno de los paisajes más característicos de esta parte de Galicia. No dejes de parar en La Fonte dos Leóns de Ponte do Porto es una de esas pequeñas curiosidades que merece la pena descubrir durante la ruta. Situada frente a la iglesia de San Pedro, en la Praza de San Roque, esta fuente fue construida a finales de los años 80 y su arquitectura está inspirada en la famosa Fuente de los Leones de la Alhambra de Granada. Un pequeño guiño granadino en pleno corazón de Costa da Morte.
Camariñas, mar y tradición:
Camariñas es mucho más que un pueblo marinero. Su identidad está estrechamente ligada al mar, a la pesca, al marisqueo y también al encaje de bolillos. La propia guía de Turismo de Galicia destaca el carácter marinero de la localidad y el trabajo de las palilleiras, que han convertido el encaje en uno de sus principales elementos culturales.


Uno de los mejores lugares para entender esa relación con el mar es O Ariño. Aquí tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia activa de marisqueo con Yaqui, mariscadora de Camariñas y acercarnos a un trabajo que normalmente vemos desde la distancia.
La zona de O Ariño forma parte de una pequeña ruta litoral de unos 3,5 kilómetros que permite conocer la ensenada, varias playas y los bancos marisqueros.
Y es importante detenerse aquí. Porque el marisco que después llega a una mesa no aparece simplemente en una carta. Detrás hay horas de trabajo, conocimiento del medio, mareas y una forma de vida que se transmite de generación en generación.
El marisqueo en Camariñas: un oficio ligado al ritmo de las mareas
En Costa da Morte, el mar forma parte de la vida cotidiana y también de la historia de muchas familias. Entre los oficios que mejor representan esta estrecha relación con el Atlántico está el marisqueo a pie, una actividad tradicional que durante generaciones ha permitido a muchas personas vivir de los recursos de la costa y que todavía hoy sigue siendo una parte importante de la identidad marinera de la zona.
Pero marisquear no consiste simplemente en recoger marisco cuando baja la marea. Es un trabajo que requiere conocer el litoral, interpretar las mareas, saber dónde y cuándo buscar cada especie y cuidar los bancos para que puedan seguir produciendo en el futuro. Almejas y berberechos son algunos de los principales recursos que se extraen en esta zona, y su recogida está sometida a una planificación que establece las épocas, zonas, especies y cantidades permitidas.

En Camariñas, uno de los espacios vinculados a esta actividad es O Ariño. Cuando la marea lo permite, las mariscadoras se acercan hasta los bancos para desarrollar su jornada, trabajando directamente sobre la arena y el terreno intermareal. Allí no solo realizan la extracción, sino también diferentes tareas relacionadas con el cuidado y mantenimiento de los recursos. Es un trabajo físico, condicionado completamente por el estado del mar y por unos horarios que se adaptan a sus mareas.
Las mariscadoras, protagonistas de una tradición que cambia
Durante nuestro recorrido por Camariñas tuvimos la oportunidad de acompañar a Yaqui en O Ariño y conocer de primera mano cómo es una jornada de trabajo. Verlas desplazarse por el banco, localizar el marisco y explicarnos cómo identifican las zonas y las condiciones adecuadas nos permitió comprender todo el conocimiento que existe detrás de algo que muchas veces damos por hecho cuando llega a un restaurante.
Y también nos hizo tomar conciencia de que este oficio, pese a seguir formando parte de la vida de Camariñas, ha ido perdiendo profesionales con el paso de los años. En la Cofradía de Camariñas, los permisos de marisqueo a pie pasaron de 71 en 2014 a 56 en 2021. Entre las mujeres, que representan la mayoría de las personas dedicadas a esta actividad, el descenso fue de 64 a 51 permisos durante ese mismo periodo.
A esta disminución se añade la dificultad para encontrar relevo generacional. Cada vez resulta más complicado que las nuevas generaciones se incorporen a una profesión que exige experiencia, conocimiento del medio y una dedicación muy condicionada por la naturaleza. Y cuando quienes conocen el oficio se jubilan sin que haya nuevas personas que continúen su trabajo, no desaparece únicamente una actividad económica: también se pierde una parte del conocimiento tradicional asociado al litoral.
Pero este no es el único desafío al que se enfrenta el sector. La propia disponibilidad del recurso también se ha visto afectada en los últimos años. En Camariñas se ha constatado una disminución de la productividad de algunos bancos marisqueros y, en concreto, la Cofradía comunicó la pérdida de productividad en la ensenada de A Vasa y en la desembocadura del río Grande.
Todo ello demuestra hasta qué punto el futuro del marisqueo depende también de la salud del propio ecosistema. Cuidar los bancos, respetar los ciclos naturales y gestionar adecuadamente las capturas resulta imprescindible para que el recurso pueda mantenerse y para que las personas que viven de él puedan seguir haciéndolo.
Por eso, conocer a las mariscadoras de Camariñas cambia también nuestra manera de entender la gastronomía local. Detrás de una almeja o de un berberecho hay mucho más que un producto: hay madrugones, mareas, esfuerzo físico, conocimiento y una relación con el mar que se ha transmitido durante generaciones.
En O Ariño pudimos verlo de cerca y poner rostro a esas mujeres que cada día bajan a la costa para sacar adelante su trabajo. Son una pieza fundamental de la cadena que lleva los productos del mar hasta nuestras mesas y, al mismo tiempo, guardianas de un saber tradicional que forma parte de la identidad de Costa da Morte.
No debemos olvidar que, detrás del marisco de Costa da Morte, hay mujeres que conocen las mareas, respetan el mar y luchan cada día para que este oficio siga teniendo futuro.
Del mar a la mesa
Después de la experiencia de marisqueo, el programa nos llevó a una degustación de producto en O Ariño y posteriormente a conocer a Víctor Sambade, de O Noso Mar, distribuidor de marisco.
Fue otra manera de entender la gastronomía de Costa da Morte: no solo desde el restaurante, sino siguiendo el camino del producto desde el mar hasta que llega al consumidor.
La pesca de bajura continúa siendo una parte fundamental de la identidad económica y cultural de esta zona. Puertos como Camariñas y Malpica siguen teniendo especial importancia las artes de pesca de bajura y las artes menores, mientras que el mar proporciona buena parte de la materia prima que sustenta la gastronomía local.

El puerto de Camariñas y la pesca artesanal
Otra de las experiencias que vivimos fue acercarnos al puerto para conocer las artes menores y la pesca artesanal, de la mano de Yaqui que ya nos había mostrado el duro trabajo de las mariscadoras. Aunque en esta ocasión, debido al clima no pudimos hacerlo en el puerto, os recomiendo pasaros a verlo.
Es uno de esos momentos que ayudan a mirar de otra manera los puertos que encontramos durante un viaje. Porque detrás de las embarcaciones hay una actividad pesquera que continúa formando parte de la vida cotidiana de estas localidades.
Las artes menores de Camariñas: distintas formas de pescar en un mismo mar:
Cuando paseamos por el puerto de Camariñas es fácil fijarse en las pequeñas embarcaciones, en las redes y en las nasas que esperan su momento para salir al mar. Todo ello forma parte de la pesca con artes menores, una modalidad de pesca de bajura muy ligada a la costa gallega y que sigue teniendo un papel importante en la vida de esta localidad.
Pero las artes menores no son una única forma de pescar. El término engloba diferentes aparejos y técnicas utilizadas principalmente por pequeñas embarcaciones que trabajan cerca de la costa. Cada uno está pensado para determinadas especies y se utiliza de una manera concreta, teniendo en cuenta factores como el lugar, la profundidad, el tipo de fondo o la época del año.
En Camariñas se utilizan diferentes artes, entre ellas las nasas y varias artes de enmalle, como los miños, las betas y los trasmallos. Aunque todas forman parte de la pesca artesanal, cada una funciona de manera diferente.
Las nasas son estructuras que se colocan en el fondo marino y cuentan con una abertura por la que entran las especies que se quieren capturar. Se utilizan, entre otras, para la pesca de pulpo y nécora. Las artes de enmalle, por su parte, están formadas por redes que se dejan en el agua para que los peces queden retenidos al entrar en contacto con ellas. Dentro de este grupo encontramos los miños, las betas y los trasmallos, que presentan diferentes características y se emplean para capturar distintas especies.
En Camariñas también existe una importante tradición vinculada a otras modalidades de pesca de bajura, como el cerco, especialmente relacionado con especies como la sardina y el jurel. Todo ello hace que en un mismo puerto podamos encontrar diferentes maneras de aprovechar los recursos que ofrece el mar.


Más allá de las redes, las nasas o las embarcaciones, lo que realmente llama la atención es todo el conocimiento que existe detrás de cada una de estas técnicas.
Quienes se dedican a la pesca artesanal saben interpretar el estado del mar, conocen los fondos y las zonas de pesca y aprenden con los años dónde y cuándo utilizar cada aparejo. Es un conocimiento práctico que se ha ido transmitiendo de generación en generación y que forma parte de la cultura marinera de Camariñas.
Además, esta actividad está regulada para intentar garantizar la conservación de los recursos. Las características de los aparejos, las zonas en las que pueden utilizarse, los periodos de actividad y las capturas están sometidos a normas específicas. La pesca artesanal no consiste, por tanto, en salir al mar y recoger lo que se encuentre, sino en trabajar siguiendo unos criterios que permitan que los recursos puedan mantenerse.
Detrás de cada embarcación hay una forma de trabajar, unos conocimientos y muchas horas de dedicación.
Y es que las artes menores son mucho más que un conjunto de técnicas de pesca. Son parte de la identidad marinera de Camariñas, una forma de vida estrechamente ligada al Atlántico y a un conocimiento del mar que merece la pena conservar y transmitir a las nuevas generaciones.
Y si queremos completar la visita a Camariñas desde el punto de vista cultural, merece la pena acercarse al Museo do Encaixe.
Museo do Encaixe de Camariñas: donde una tradición se convierte en patrimonio
Hablar de Camariñas es hablar de mar, pero también de encaje. En esta localidad de Costa da Morte, el trabajo de las palilleiras forma parte de la identidad del pueblo y ha pasado de generación en generación. Para conocer mejor esta tradición, una de las visitas imprescindibles es el Museo do Encaixe de Camariñas, situado en la Praza de Insuela.
El museo nació con una finalidad muy concreta: conservar, recuperar y dar a conocer la tradición del encaje de bolillos, una artesanía que lleva siglos presente en Camariñas y en otros puntos de Costa da Morte. Al recorrer sus salas podemos descubrir tanto la historia de este oficio como la evolución de sus diseños y las distintas formas en las que el encaje ha llegado hasta nuestros días.
Una de las partes más interesantes de la colección reúne piezas antiguas como manteles y velos, algunas de ellas con más de dos siglos de antigüedad. Junto a estos trabajos se pueden ver también los utensilios y materiales necesarios para elaborarlos, lo que permite entender mejor la precisión y la paciencia que requiere cada pieza. El museo cuenta además con una sala prácticamente permanente y otra destinada a exposiciones temporales, por lo que la visita puede cambiar según el momento del año. Turismo de Galicia
Y es que detrás de cada encaje hay mucho más que un bonito trabajo artesanal. Está el conocimiento de las palilleiras, sus horas de dedicación y una forma de trabajar que ha conseguido mantenerse viva a lo largo del tiempo. En Camariñas, las mujeres que continúan haciendo encaje son parte fundamental de ese legado y han conseguido que una tradición doméstica se convierta también en una de las principales señas culturales y turísticas del municipio.

La importancia que tiene este oficio en la localidad se entiende todavía mejor a través de la Mostra do Encaixe de Camariñas, cuya primera edición se celebró en 1991. Desde entonces, este encuentro ha ido creciendo hasta convertirse en una cita que relaciona la artesanía tradicional con el mundo de la moda, incluyendo exhibiciones, concursos y la participación de diseñadores y artesanos de diferentes lugares.
Por eso, visitar el Museo do Encaixe es una buena manera de completar el recorrido por Camariñas. Después de acercarnos al puerto, conocer el trabajo de quienes viven del mar y descubrir la importancia de la pesca y el marisqueo, aquí encontramos otra parte esencial de la identidad local.
Durante nuestra visita también tuvimos la oportunidad de conocer de cerca el trabajo de las palilleiras y comprobar cómo, detrás de esos delicados dibujos hechos con hilo, existe un oficio que requiere precisión, tiempo y mucha dedicación. Y precisamente por eso creemos que merece la pena acercarse al museo: no solo para contemplar las piezas, sino para entender la historia de las personas que han conseguido mantener viva esta tradición.
Día 2. De Camariñas a Camelle y Laxe: faros, naufragios y conciencia ambiental
La segunda jornada comienza en uno de los paisajes más espectaculares de toda Costa da Morte.
Faro Vilán y Cementerio de los Ingleses
Faro Vilán y el Cementerio de los Ingleses: la historia de una costa marcada por los naufragios
Hay lugares de Costa da Morte que impresionan por su paisaje y otros que, además, permiten entender la historia de este litoral. Faro Vilán y el Cementerio de los Ingleses son dos paradas imprescindibles para comprender la estrecha relación que Camariñas ha mantenido siempre con el mar.
Antes de llegar a Faro Vilán, te recomiendo una parada en el Mirador Alto da Vela, lo verás nada más llegar, se trata de un lugar que se utilizaba para comprobar el estado del mar y hoy se ha convertido en un homenaje a las mujeres que esperaban palillando el regreso de los marineros.

El Faro Vilán se encuentra sobre un espectacular promontorio rocoso, en uno de los puntos más expuestos de la costa de Camariñas. El paisaje que lo rodea ya resulta impresionante por sí solo, pero cuando conocemos su historia entendemos mejor la importancia que ha tenido este lugar para la navegación.
El faro actual comenzó a funcionar en 1896 y sustituyó al anterior, construido en 1854. Su gran particularidad es que fue el primer faro de España en utilizar luz eléctrica, un importante avance para una costa especialmente complicada para la navegación. La torre, de planta octogonal y unos 25 metros de altura, está comunicada con el antiguo edificio de los fareros mediante un túnel.
La necesidad de contar con una señal más potente estaba relacionada con la peligrosidad de estas aguas. Los fuertes temporales, los arrecifes y los numerosos bajos que rodean el cabo provocaron numerosos accidentes marítimos a lo largo de la historia. De hecho, el tramo de costa comprendido entre Camelle y Camariñas concentra más de 60 naufragios documentados dentro del conjunto de los más de 150 registrados en Costa da Morte desde finales del siglo XVIII.
Uno de los accidentes más conocidos fue el del HMS Serpent, ocurrido la noche del 10 de noviembre de 1890 frente a Punta do Boi. El buque escuela británico contaba con 175 tripulantes y únicamente tres lograron sobrevivir. Los cuerpos recuperados fueron enterrados cerca del lugar del naufragio, en un espacio que desde entonces conocemos como Cementerio de los Ingleses.
Pero aquí hay un detalle histórico que merece la pena conocer: el cementerio no se creó exclusivamente para las víctimas del Serpent. Antes de aquella tragedia ya habían sido enterrados en este mismo lugar 28 tripulantes del Iris Hull, otro barco naufragado en Punta do Boi en 1883. Posteriormente, este pequeño camposanto continuó vinculado a otras tragedias marítimas de la zona.
El cementerio es una construcción sencilla de piedra, dividida en dos espacios: una zona interior destinada a los oficiales y otra exterior donde fueron enterrados los demás tripulantes. Su ubicación, frente al Atlántico y rodeada por el paisaje de Costa da Morte, hace que la visita tenga un carácter muy especial. No estamos ante un gran monumento, sino ante un lugar austero que habla de una historia especialmente dura.
El museo de Faro Vilán
Para completar la visita merece la pena entrar en el Centro de Interpretación de los Naufragios, Faros y Señales Marítimas de la Costa da Morte, situado en el conjunto del faro. Aquí podemos conocer mejor la historia de la señalización marítima, los faros y los naufragios que han marcado este litoral. La visita ayuda a poner contexto a todo lo que estamos viendo fuera y a comprender por qué la construcción del actual Faro Vilán fue tan importante.

Después de recorrer el museo y el entorno del faro, acercarse hasta el Cementerio de los Ingleses permite completar esa historia. Ambos lugares están profundamente relacionados: el cementerio recuerda las consecuencias de una navegación difícil y el faro representa el esfuerzo por hacer esas aguas un poco más seguras.
Para nosotros, visitar Faro Vilán fue mucho más que acercarnos a uno de los paisajes más fotografiados de Costa da Morte. Es uno de esos lugares donde historia y paisaje se entienden mejor cuando van de la mano. Aquí el Atlántico muestra su lado más espectacular, pero también recuerda por qué durante siglos estas aguas fueron temidas por los navegantes.
Faro Vilán, el Cementerio de los Ingleses y todo el entorno de Punta do Boi forman un conjunto imprescindible para entender la historia marinera de Camariñas y de toda Costa da Morte. Te recomiendo recorrer esta costa con calma porque encontrarás lugares realmente impresionantes como la Duna de Monte Branco.
Duna rampante de Camariñas: qué ver en O Trece
Entre Cabo Vilán y Arou encontramos uno de los rincones más curiosos de Camariñas: la duna rampante de O Trece. La arena de la playa asciende por la ladera del Monte do Veo impulsada por el viento y llega incluso a sobrepasar su cumbre. El resultado es una formación natural muy llamativa que podemos descubrir mientras recorremos este tramo del litoral de la Costa da Morte.
¿Qué es la duna rampante de O Trece?
La duna rampante de Camariñas se encuentra en la ensenada de O Trece y tiene una característica que la hace especialmente llamativa: en lugar de extenderse únicamente junto a la playa, la arena avanza por la ladera del Monte do Veo. El viento recoge la arena de la ensenada y la empuja hacia arriba, haciendo que poco a poco vaya ganando altura hasta superar la parte más elevada del monte. Es un fenómeno natural muy particular y una de esas formaciones que sorprenden cuando las contemplamos directamente.


¿Dónde está la duna rampante de Camariñas?
La duna rampante de O Trece está situada en el municipio de Camariñas, entre Arou y Cabo Vilán. Su ubicación permite combinar la visita con otros puntos interesantes de esta zona.
Si sigues la carretera costera desde Cabo Vilán la verás perfectamente desde allí . Ten en cuenta que está totalmente prohibido subirse a la duna. De esta forma, la visita a la duna se convierte en una parada más dentro de una ruta mucho más completa por esta parte de Camariñas. Y cuando llegues frente al Monte do Veo, fíjate en cómo la arena asciende por la ladera. Es una imagen sencilla, pero muy difícil de olvidar.
Arou, entre leyenda y memoria vikinga
En la costa de Camariñas, entre Camelle y Cabo Vilán, aparece Arou, un pequeño núcleo marinero que conserva buena parte del carácter de esta zona de Costa da Morte. Su paisaje es el de una costa abierta al Atlántico, con una pequeña ensenada, un puerto y una sucesión de rocas y arenales que hacen que el mar sea, una vez más, el gran protagonista.
Arou es conocido también por una historia que ha pasado de generación en generación: la posible relación de sus habitantes con los vikingos. No hablamos de un hecho histórico demostrado, sino de una tradición vinculada a las incursiones normandas que se produjeron en las costas gallegas durante la Edad Media. La propia Enciclopedia Galega Universal recoge la existencia de referencias documentales a incursiones normandas y señala la posible ascendencia vikinga de Arou y Camelle.
La falta de documentación histórica suficiente hace que esta historia se mueva entre la memoria popular, las leyendas y las hipótesis sobre el pasado de la zona. Precisamente por eso resulta tan interesante. Durante siglos, las costas de Galicia fueron escenario de incursiones y ataques por mar y algunos de estos episodios quedaron profundamente arraigados en la tradición oral de los pueblos costeros.

Hoy, cuando paseamos por Arou, es difícil saber cuánto hay de historia y cuánto de leyenda en ese supuesto origen vikingo. Lo que sí podemos afirmar es que la presencia de los pueblos nórdicos en las costas gallegas está documentada y que Arou y Camelle aparecen relacionados con esta tradición histórica local.
Pero Arou merece una visita más allá de esta curiosa historia. Su playa, con bandera azul, su pequeño puerto y el paisaje que la rodea permiten descubrir uno de los rincones más tranquilos de esta parte de Costa da Morte. Desde aquí podemos disfrutar de unas vistas privilegiadas sobre una costa que combina arenales, zonas rocosas y una naturaleza que apenas ha perdido su carácter.
Además, Arou forma parte del entorno del Camiño dos Faros y de diferentes rutas que recorren esta franja del litoral de Camariñas. La ruta de turismo ornitológico Morus, por ejemplo, comienza en Arou y continúa hacia Santa Mariña y la duna rampante de Monte do Veo, atravesando pinares, costa y distintos hábitats naturales.
A nosotros nos parece especialmente bonito acercarse hasta aquí precisamente por eso: porque Arou no necesita grandes monumentos para llamar la atención. Tiene paisaje, mar, memoria y una de esas historias que siguen alimentando la imaginación de quienes viven aquí.
Quizá nunca sepamos con certeza si los habitantes de Arou descienden realmente de aquellos navegantes nórdicos que llegaron a estas costas. Pero sí sabemos que las incursiones vikingas forman parte de la historia de Galicia y que la tradición local ha conservado su recuerdo.
Y, en un lugar como Costa da Morte, donde tantas veces la historia, el mar y la leyenda terminan encontrándose, esa mezcla también forma parte de su encanto.
Desde Camariñas podemos continuar hacia Camelle, siguiendo la costa.
Camelle es conocido especialmente por la figura de Manfred Gnädinger, Man el Alemán de Camelle, cuyo museo-jardín al aire libre se ha convertido en uno de los lugares más singulares de Costa da Morte.
Man, el Alemán de Camelle: arte frente al Atlántico
En Camelle, uno de los lugares más singulares de Costa da Morte, hay una historia que no se entiende del todo sin conocer a Manfred Gnädinger, el artista alemán al que todo el mundo acabó llamando simplemente Man o Man, el Alemán de Camelle.
Manfred Gnädinger llegó a Camelle a comienzos de los años 60 y decidió establecerse en el puerto. Allí eligió una forma de vida muy alejada de la convencional, en contacto permanente con la naturaleza y con el mar. Vivía con muy pocos recursos, sin electricidad ni agua corriente, y convirtió el entorno que había escogido como hogar en el espacio en el que desarrollaría prácticamente toda su obra.
Durante alrededor de cuarenta años, Man fue dando forma a un particular universo artístico en el que no existía una separación clara entre obra y paisaje. Utilizaba las rocas, piedras y materiales que encontraba, muchos de ellos objetos que el propio mar llevaba hasta la costa, y los incorporaba a sus creaciones. También intervino sobre elementos del entorno, como el espigón del puerto. Su trabajo terminó convirtiéndose en una especie de jardín-museo al aire libre, relacionado con lo que hoy conocemos como land art, una forma de expresión artística en la que la naturaleza y el propio territorio forman parte de la obra.

Su particular manera de vivir y de relacionarse con el entorno no siempre fue comprendida al principio, pero con el paso del tiempo Man se convirtió en una figura inseparable de Camelle. Además de sus esculturas, durante todos esos años fue creando una importante colección de dibujos, textos y fotografías. Incluso pedía a quienes se acercaban a conocerle que dejaran sus propios dibujos en unos cuadernos que iba guardando.
El golpe del Prestige
La historia de Man también quedó inevitablemente ligada a una de las mayores catástrofes ambientales sufridas por Galicia. En noviembre de 2002, la marea negra provocada por el hundimiento del Prestige alcanzó Camelle y cubrió de petróleo buena parte del entorno en el que el artista había construido su particular universo. El impacto fue especialmente duro porque su obra estaba íntimamente ligada a aquel paisaje. El propio Concello de Camariñas explica que la catástrofe afectó profundamente a Man y que falleció el 28 de diciembre de 2002, apenas unas semanas después de que el fuel llegara a Camelle.
Con el tiempo, buena parte de las creaciones que permanecían en el exterior fueron desapareciendo o deteriorándose, pero la huella de Man continúa presente en Camelle. El conjunto artístico al aire libre y el espacio conocido como Museo de Man forman hoy parte de la memoria cultural de la localidad.
Museo de Man de Camelle
Para conocer mejor su vida y su obra podemos visitar el Museo de Man de Camelle, Casa do Alemán, situado en la Rúa do Muelle nº 9, muy cerca del lugar donde Man desarrolló buena parte de su actividad artística. El museo reúne parte de su legado y complementa las creaciones que todavía pueden contemplarse en el exterior.
Visitarlo después de recorrer el entorno resulta especialmente interesante porque permite entender que aquí el paisaje no era simplemente el lugar donde Man vivía, sino una parte esencial de su obra.
Nosotros tuvimos la oportunidad de acercarnos a su historia durante nuestra ruta por Costa da Morte y, más allá de las esculturas o de la curiosidad que despierta su peculiar figura, lo que más nos llamó la atención fue su manera de entender el mundo. Man eligió Camelle para vivir de una forma completamente personal, integrada con la naturaleza y con un mar que acabó siendo protagonista tanto de su vida como de su arte.
La Sala dos Naufraxios: la memoria marinera de Camelle
Y si la planta baja del Museo Man nos acerca al universo artístico de Manfred Gnädinger, merece la pena subir a la segunda planta para descubrir otra parte fundamental de la historia de Camelle: la Sala dos Naufraxios e da Historia Marítima de Camelle.
Este espacio está dedicado a los numerosos naufragios que se produjeron frente a este tramo de Costa da Morte y, al mismo tiempo, a la historia marinera del propio pueblo. La exposición reúne piezas originales recuperadas de algunos de esos accidentes, como los del HMS Serpent, Santa Maria, Maria Laar o Kenmore, además de fotografías, documentos y otros objetos relacionados con la navegación y la vida en el mar.
Una parte especialmente interesante está dedicada al City of Agra, el buque británico que naufragó frente a Arou en 1897. Allí podemos encontrar una maqueta del barco, fotografías, documentación original, recortes de prensa y otros materiales que permiten reconstruir aquel episodio y conocer no solo qué ocurrió, sino también cómo reaccionaron los habitantes de Camelle y Arou ante la tragedia.

Las maquetas ocupan también un lugar importante en la sala. Hay representaciones de barcos que se hundieron frente a esta costa y de embarcaciones tradicionales de Camelle, creando una especie de memoria visual de un litoral en el que el mar ha sido durante siglos fuente de trabajo, pero también escenario de algunos de los naufragios más recordados de Galicia.
Detrás de este espacio está la Asociación Cultural Naufraxios Galegos, que trabaja en la investigación, recuperación y divulgación de estas historias. Su labor resulta especialmente valiosa porque permite conservar una memoria que durante mucho tiempo se transmitió principalmente a través de relatos familiares y de la tradición oral.
La visita nos recuerda además que la historia de los naufragios no habla solamente de barcos hundidos. Habla de personas que arriesgaron su vida para ayudar a otras, de pequeños barcos que salieron al mar en medio de temporales y de una comunidad que durante generaciones aprendió a convivir con un Atlántico que podía ser tan generoso como imprevisible.
Hoy, pasear por Camelle y acercarse hasta el Museo de Man es también una forma de conocer una de las historias humanas más singulares de Costa da Morte. Una historia en la que arte, naturaleza, mar y memoria se mezclan y que ayuda a entender por qué este pequeño pueblo marinero tiene una personalidad tan diferente.
Pero en nuestra visita a Camelle descubrimos otra historia que habla de un problema mucho más actual: la contaminación marina.
Mar de Fábula: limpiar el mar para poder seguir disfrutándolo
Conocer Mar de Fábula fue, probablemente, una de las experiencias que más invita a reflexionar.
La asociación nació en 2014 con un objetivo muy concreto: limpiar playas y coídos del litoral gallego y concienciar sobre el problema de los residuos que llegan al mar. Según explica la propia asociación, una gran parte del residuo que recogen es plástico.
Su sede de Camelle funciona además como centro de actividades ambientales y de sensibilización. Allí visitamos un taller de reutilización con Virginia Barros, una experiencia que permite comprender que detrás de la basura marina hay también una responsabilidad colectiva.
Y hay algo especialmente simbólico en que esta asociación tenga su sede precisamente aquí. Una de sus primeras limpiezas se realizó en 2014 en el entorno del Museo-Jardín de Man y, poco después, en el Cementerio de los Ingleses de Camariñas.
Costa da Morte nos enseña así una doble realidad: el mar es fuente de vida, trabajo y riqueza, pero también necesita que lo cuidemos.

Esta asociación medioambiental, que trabaja desde 2014, se dedica a limpiar playas y coídos de Galicia, especialmente en la Costa da Morte, y a concienciar sobre el impacto de los residuos marinos. Según explican, alrededor del 90% de los residuos que recogen son plásticos.
¿Lo más sorprendente? Parte de esos residuos se transforman en arte, esculturas, máscaras y criaturas para ayudar a sensibilizar sobre el problema.
Pero tú también puedes formar parte del cambio: puedes participar como voluntario en sus limpiezas, hacerte socio y colaborar con la asociación, además de participar en actividades y talleres de educación y creación artística. Porque limpiar una playa está bien. Evitar que vuelva a llenarse es todavía más importante. Puedes unirte a ellos y/o participar en alguna limpieza o actividad a través de su página web.
O Refuxio do Náufrago: dormir entre historias del mar
En Camelle también conocimos O Refuxio do Náufrago, un alojamiento ubicado en una antigua casa marinera restaurada.
Su propuesta encaja perfectamente con el carácter del pueblo: cada habitación lleva el nombre de un barco naufragado frente a estas costas y todo el alojamiento gira alrededor de la memoria marinera de Camelle.
Es un buen ejemplo de cómo el alojamiento puede formar parte de la experiencia de viaje y no limitarse simplemente a ser el lugar donde dormir.

Laxe: una villa marinera para terminar el día
Desde Camelle continuamos hacia Laxe, siguiendo el recorrido natural hacia el interior de la ría de Corme y Laxe.
La playa de Laxe es uno de sus grandes atractivos: un extenso arenal urbano, resguardado dentro de la ría, que combina paisaje y comodidad.
Qué ver en Laxe: los imprescindibles
En plena Costa da Morte, en el interior de la ría de Corme e Laxe, encontramos una localidad que reúne muchos de los ingredientes que hacen tan especial esta parte de Galicia: una enorme playa de arena blanca, un puerto marinero, patrimonio histórico, acantilados, faros y algunos paisajes que merece la pena descubrir sin prisas.
Laxe es, además, un buen lugar para hacer una parada durante una ruta por la Costa da Morte. Su casco urbano se puede recorrer cómodamente a pie y, si tienes más tiempo, puedes ampliar la visita hacia su litoral y sus playas.

Playa de Laxe
La playa de Laxe es probablemente la imagen más reconocible de la localidad. Se encuentra resguardada en el interior de la ría y destaca por su arena fina y clara y por sus condiciones de oleaje moderadas. Con 1.400 metros de longitud y unos 50 metros de anchura, es una extensa playa urbana que permite disfrutar del mar prácticamente al lado del centro de la villa. También cuenta con servicios propios de una playa urbana y Bandera Azul. Es un buen punto para comenzar la visita y recorrer después el paseo marítimo hasta el puerto y el casco histórico.
El casco antiguo de Laxe
Una de las mejores formas de conocer Laxe es simplemente caminar por sus calles. El casco antiguo conserva diferentes ejemplos de arquitectura marinera, con viviendas distribuidas alrededor de calles estrechas que conectan la zona de la playa con el interior de la villa. Una ruta urbana de aproximadamente 1,6 kilómetros permite pasar por algunos de los lugares más destacados de Laxe, como la plaza Ramón Juega, el Museo do Mar, la Casa do Arco, la iglesia de Santa María da Atalaia y la capilla de Santa Rosa.
Puedes hacerlo tranquilamente y aprovechar el paseo para fijarte en las casas tradicionales y en la relación que mantiene el pueblo con su pasado marinero.
Casa do Arco
En pleno centro, en la plaza Ramón Juega, encontramos uno de los edificios históricos más singulares de Laxe: la Casa do Arco. La construcción data del siglo XV y está vinculada a Urraca de Moscoso, condesa de Altamira, y a su segundo marido, Pedro Osorio. Su elemento más característico son los tres arcos apuntados que dan acceso a la Rúa Real. Se trata, además, de una de las pocas viviendas de estilo gótico que se conservan en Galicia, por lo que merece la pena detenerse ante ella durante el paseo por el casco histórico.
Iglesia de Santa María da Atalaia
Subiendo desde el centro hacia el puerto aparece otro de los grandes imprescindibles de Laxe: la iglesia de Santa María da Atalaia. El templo está situado sobre una colina junto al muelle y presenta una arquitectura conocida como gótico marinero, en la que también encontramos elementos de tradición románica. La construcción actual es fruto de diferentes etapas, con una capilla mayor de origen medieval y posteriores ampliaciones. Pero lo más interesante está también en su interior. Allí se conservan, entre otros elementos, una imagen medieval de la Virgen de la Atalaia, un friso pétreo con escenas de la Resurrección, un Cristo Pantocrátor del siglo XIV y diferentes piezas religiosas de los siglos XVII y XVIII.
Por su posición elevada sobre el puerto y su carácter defensivo, la iglesia está estrechamente vinculada a la historia marinera de Laxe.
Museo do Mar
Si quieres comprender mejor la relación de Laxe con el océano, merece la pena visitar el Museo do Mar. Su colección gira alrededor de dos grandes temas: la tradición marítima y pesquera y la historia de Laxe y su comarca desde finales del siglo XIX hasta buena parte del siglo XX. Uno de sus grandes atractivos es el Archivo Fotográfico Vidal, formado por las fotografías de Plácido Vidal y de su hijo José María Vidal. El archivo reúne alrededor de 67.000 imágenes, que permiten acercarse a la vida cotidiana, las personas y los paisajes de Laxe y su entorno a lo largo de más de un siglo. Es una de esas visitas que ayudan a entender que Laxe es mucho más que una localidad de playa: su historia está profundamente ligada al mar y a las personas que vivieron de él.
Capilla de Santa Rosa
Otra parada interesante dentro del recorrido por el casco urbano es la capilla de Santa Rosa, situada en un punto elevado desde el que se pueden contemplar buenas panorámicas de Laxe y su entorno. La capilla está vinculada además a la conocida Cruz do Navegante, una cruz que, según la tradición local, fue levantada por un marinero que prometió hacerlo si regresaba sano y salvo de uno de sus viajes. Si buscas una perspectiva diferente de la localidad, merece la pena incluir esta pequeña subida en el recorrido.
Faro de Laxe y A Espera
Para acercarse a la parte más atlántica de Laxe hay que dirigirse hasta Punta Ínsua, donde se encuentra el faro. El Faro de Laxe tiene 11 metros de altura y está situado sobre una elevación de aproximadamente 50 metros sobre el nivel del mar, en un entorno natural abierto hacia el océano. Junto al faro encontramos A Espera, una escultura que rinde homenaje a los marineros y a las familias que aguardaban su regreso. Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse un rato y simplemente mirar al Atlántico.

El entorno de Punta Ínsua también puede disfrutarse caminando. La ruta PR-G 70 Laxe-Punta Ínsua es un itinerario circular de 4,6 kilómetros que recorre el litoral del Monte Ínsua y permite disfrutar de diferentes perspectivas de esta parte de la costa.
Praia dos Cristais
Uno de los rincones más curiosos de Laxe es la conocida Praia dos Cristais. Su aspecto es muy diferente al de una playa convencional: entre las piedras aparecen pequeños fragmentos de vidrio redondeados y pulidos por la acción del mar, creando un mosaico de diferentes tonalidades. Es un lugar singular y muy fotogénico, pero recuerda que los cristales forman parte del propio paisaje y no deben recogerse. La mejor manera de disfrutar de este pequeño rincón es dejarlo exactamente como lo encontramos. Ya te adelanto que es una playita pequeña y que muchos de los cristales, lamentablemente, se los ha llevado la gente.

Playa de Soesto
Si tienes tiempo para salir del centro de Laxe, la playa de Soesto es una de las visitas que yo incluiría en la ruta. Es un arenal de aguas más abiertas y con oleaje, especialmente conocido por la práctica del surf y el bodyboard. También es un buen lugar para disfrutar del paisaje y del ambiente marinero de esta parte de la costa. Además, Soesto forma parte del recorrido de la ruta PR-G 114 Laxe-Traba.
Playa y laguna de Traba
La playa de Traba representa la cara más salvaje de Laxe. Es un arenal abierto al Atlántico de casi tres kilómetros de longitud y está considerado uno de los espacios de mayor valor medioambiental del municipio. Junto a la playa se encuentra la laguna de Traba, un espacio de gran interés natural y ornitológico. Si te gusta observar aves y disfrutar de paisajes menos urbanizados, esta zona merece especialmente la pena.
Puedes llegar hasta ella a través de la PR-G 114 Laxe-Traba, una ruta lineal de unos 8 kilómetros que recorre el litoral pasando por Laxe, Soesto y Traba.
Puerto y paseo marítimo
Y aunque no aparezca siempre en las listas de monumentos, yo reservaría un rato para pasear tranquilamente por el puerto de Laxe. Es uno de los lugares donde mejor se percibe la identidad marinera de la localidad. Desde aquí puedes enlazar fácilmente con el paseo marítimo, la playa y el casco histórico, haciendo una ruta prácticamente circular por los principales puntos de interés.
Día 3. Laxe, Corme, Malpica y Caión: el mar como forma de vida
La última jornada nos lleva hacia el norte, siguiendo un recorrido que permite enlazar Laxe, Corme, Malpica y Caión.
Qué ver en Corme: imprescindibles de la Costa da Morte
Corme es uno de esos pequeños pueblos marineros de la Costa da Morte que merece la pena descubrir sin prisas. Situado en la ría de Corme e Laxe, conserva una estrecha relación con el mar que se aprecia nada más llegar: en su puerto, en sus playas, en sus calles y, por supuesto, en la tradición percebeira que ha hecho famoso al Roncudo. Aunque no es una localidad muy grande, hay varios lugares que merece la pena incluir en una ruta por esta zona de Galicia. Y lo mejor es que muchos de ellos se pueden disfrutar tranquilamente combinando un paseo por el pueblo con alguna escapada por su litoral.
El puerto de Corme

Empezamos la visita en el puerto de Corme, el corazón de esta localidad marinera. Es un buen lugar para comenzar a caminar y hacerse una idea de la importancia que el mar ha tenido siempre en la vida del pueblo. Desde aquí podemos recorrer parte del litoral y acercarnos a las playas de Osmo y Arnela. Si tienes ocasión, fíjate también en las pequeñas embarcaciones y en la actividad del puerto. Corme mantiene todavía esa esencia de pueblo marinero que forma parte de la identidad de la Costa da Morte.
Playa de Osmo
A pocos pasos del centro encontramos la playa de Osmo, un bonito arenal de arena fina y clara situado junto al núcleo urbano. Es una playa bastante resguardada y de aguas tranquilas, por lo que resulta perfecta para combinar la visita a Corme con un rato de playa durante los meses de verano. Desde aquí podemos continuar caminando por el paseo litoral hasta la cercana playa de Arnela.
Playa de Arnela
La playa de Arnela es un pequeño arenal de aproximadamente 100 metros situado también junto al pueblo. Su ubicación protegida hace que sus aguas sean relativamente tranquilas y desde la playa podemos contemplar las bateas de mejillón que salpican las aguas de la ría. Es un paseo sencillo y agradable para hacer sin prisas, especialmente si quieres conocer Corme caminando.
Playa de A Ermida y la isla da Estrela
A unos dos kilómetros del puerto se encuentra otro de los rincones que merece la pena conocer: la playa de A Ermida. Además del arenal, aquí encontramos una zona de merendero y unas bonitas vistas hacia la isla da Estrela, situada frente a la costa. La isla también tiene interés histórico. En ella existió un antiguo castro y posteriormente se construyó una capilla dedicada a la Virgen da Estrela. Hoy, este pequeño islote forma parte del paisaje de esta zona de la ría y se puede contemplar desde la playa.
Pedra da Serpe
Uno de los lugares más curiosos que podemos visitar en los alrededores de Corme es la Pedra da Serpe, en Gondomil. Sobre una gran roca de granito aparece representada una serpiente alada, un elemento cuya antigüedad y origen han dado lugar a diferentes interpretaciones. Posteriormente se colocó una cruz sobre la piedra, en un proceso relacionado con la cristianización de antiguos lugares de culto. El conjunto está además vinculado a una antigua leyenda relacionada con San Adrián y las serpientes, según la cual el santo habría liberado la zona de una plaga de estos animales.
Es una parada diferente y bastante curiosa, especialmente si te gusta descubrir esos pequeños rincones de Galicia que esconden historias y leyendas.
Faro de O Roncudo
Y llegamos a uno de los lugares imprescindibles de Corme: Punta do Roncudo.
Aquí el paisaje cambia por completo. El mar abierto, los grandes bloques de granito y el sonido de las olas golpeando contra las rocas nos muestran una de las caras más salvajes de la Costa da Morte. En este punto se encuentra el faro de O Roncudo, que comenzó a funcionar en 1920 y marca, junto con el faro de Laxe, la entrada de la ría de Corme e Laxe.
Pero más allá del faro, lo que realmente impresiona es el paisaje. El nombre de O Roncudo está relacionado precisamente con el sonido del mar al golpear contra las rocas. Es un lugar perfecto para detenerse, contemplar el Atlántico y entender por qué esta costa recibe el nombre de Costa da Morte.

Las cruces del Roncudo
Muy cerca del faro encontramos varias cruces colocadas en memoria de marineros y percebeiros que perdieron la vida en estas aguas. Son un elemento que forma parte del paisaje del Roncudo, pero también un recuerdo de la dureza de la vida ligada al mar. Porque detrás de las fotografías espectaculares de estos acantilados existe una realidad mucho más dura: la de quienes durante generaciones han trabajado en una costa donde el Atlántico no siempre da tregua.
Por eso, además de disfrutar de las vistas, merece la pena acercarse a este lugar con respeto.
El percebe del Roncudo
Hablar de Corme es hablar inevitablemente de percebes. El percebe del Roncudo se ha convertido en uno de los grandes símbolos gastronómicos de la localidad y está estrechamente ligado a la tradición de los percebeiros que trabajan en estas rocas. Las condiciones de esta costa, expuesta directamente al oleaje del Atlántico, hacen que la extracción sea un trabajo especialmente exigente. Si visitas Corme y tienes ocasión de probar el percebe local, esta es probablemente una de las mejores formas de acercarte también a la cultura y a la gastronomía de la localidad. Y si quieres vivir Corme en todo su ambiente, merece la pena coincidir con la Festa do Percebe do Roncudo, una celebración gastronómica dedicada a uno de los productos más representativos de la zona.
Suso Lista, la voz de O Roncudo
Hay lugares de la Costa da Morte que se entienden mucho mejor cuando alguien que ha vivido su historia te los cuenta. Y eso es precisamente lo que nos ocurrió en O Roncudo, donde tuvimos la oportunidad de estar con Suso Lista, natural de Corme, percebeiro durante buena parte de su vida y una de esas personas que conocen esta costa desde dentro. Suso Lista nació en Corme en 1962. Con solo 16 años se embarcó en la Marina Mercante y recorrió diferentes lugares de Europa y África. A los 25 años regresó a su localidad natal y comenzó a trabajar como percebeiro, un oficio que acabaría marcando profundamente su vida y también su manera de contar Corme y la Costa da Morte.


Y escucharle hablar de O Roncudo allí mismo, frente a las rocas donde durante años trabajó, es una experiencia muy diferente a leer simplemente que este es uno de los lugares más importantes para la extracción del percebe en Galicia. Después de escuchar a Suso contar sus historias frente a estas rocas, resulta imposible volver a mirar un percebe de la misma manera.
Museo de Arte Contemporánea Costa da Morte
Corme también guarda una sorpresa para quienes no esperan encontrar arte contemporáneo en un pequeño pueblo marinero. En la localidad se encuentra el Museo de Arte Contemporánea Costa da Morte – Fundación Torre-Pujales, vinculado a la obra del pintor Julio Pujales y a una colección de arte contemporáneo. Es una visita diferente que permite descubrir otra faceta cultural de Corme y demuestra que la localidad tiene mucho más que ofrecer además de paisaje y gastronomía.
Si quieres visitarlo, conviene comprobar previamente los horarios de apertura.
Ruta por la costa de Corme
Para quienes disfrutan caminando, Corme es también un buen punto de partida para descubrir este tramo de la Costa da Morte a pie. La Ruta do Mar de Corme e Ribeira do Anllóns recorre alrededor de 11 kilómetros entre Corme y Ponteceso, combinando playas, litoral, paisajes naturales y diferentes elementos del patrimonio de la zona.
Durante el recorrido aparecen algunos de los lugares que hemos mencionado, como las playas de Arnela, Osmo y A Ermida o la Pedra da Serpe, además de otros paisajes del entorno de la ría. Es una opción estupenda si quieres disfrutar de Corme de una manera más pausada y conectar varios de sus lugares de interés en una misma ruta.
Las redeiras de Corme: otro oficio que nace del mar
Después del Roncudo, nuestra ruta nos llevó hasta las Redeiras Illa da Estrela de Corme.
Las redeiras son otro de los colectivos que mejor representan esa relación entre las personas y el mar. Su trabajo tradicional consiste en reparar y mantener las artes de pesca, pero algunas asociaciones han sabido incorporar también la artesanía y el reciclaje de redes.

La Asociación de Redeiras Illa da Estrela está constituida desde 2009 y cuenta actualmente con socias procedentes de familias vinculadas al mar. Además de reparar artes como miños, volantas o betas, desde 2012 elaboran productos artesanales utilizando técnicas, hilos y redes recicladas. También realizan talleres para dar a conocer su oficio. redeirasdegalicia.org
Durante nuestro viaje pudimos ver como trabajan y fue otra de esas experiencias que permiten comprender que la artesanía no es algo estático: puede ser una herramienta para mantener vivo un oficio y, al mismo tiempo, buscar nuevas formas de futuro.
Malpica: entrar en una lonja y entender de dónde viene lo que comemos
Desde Corme podemos continuar hacia Malpica de Bergantiños.
Aquí el puerto es protagonista. Malpica es uno de los principales puertos pesqueros de bajura de Costa da Morte y la lonja continúa siendo uno de los lugares fundamentales para entender la actividad pesquera de la localidad.
Durante nuestra visita tuvimos la oportunidad de conocer la Lonja de Malpica durante la descarga y la subasta, una experiencia especialmente interesante para cualquier persona que disfrute de la gastronomía.
Porque una lonja permite ver el proceso desde el principio: las embarcaciones llegan, descargan y el pescado y el marisco siguen su camino hasta convertirse en el producto que encontraremos después en restaurantes y mercados. En Malpica se pueden observar las descargas y las subastas .
Qué ver en Malpica de Bergantiños: imprescindibles de la Costa da Morte
Malpica de Bergantiños es uno de esos lugares en los que la relación con el Atlántico se percibe desde el primer momento. El pueblo se encuentra literalmente pegado al mar, con sus casas descendiendo hacia el puerto y una costa marcada por los acantilados, las playas y las Illas Sisargas, que aparecen frente a la localidad.
Es, además, una de las puertas de entrada a la Costa da Morte y una parada perfecta para comenzar a descubrir esta zona de Galicia. Si estás preparando una ruta, estos son algunos de los lugares que no deberías perderte.

Puerto de Malpica
El puerto de Malpica es el mejor punto para comenzar la visita. Malpica mantiene una importante tradición marinera y su puerto pesquero continúa siendo uno de los lugares donde mejor se percibe la relación de la localidad con el mar.
Desde aquí podemos contemplar una de las imágenes más características del pueblo: las casas construidas sobre la ladera, mirando hacia el puerto y el Atlántico. Pasear por esta zona es también una buena manera de acercarse a la vida cotidiana de Malpica y disfrutar del ambiente marinero.
Praia de Area Maior
Junto al puerto encontramos la Praia de Area Maior, el gran arenal urbano de Malpica. Desde aquí parte además un paseo litoral que permite recorrer la costa en dirección a Seaia y continuar después hacia Santo Hadrián. Es una de las mejores formas de descubrir el paisaje de Malpica caminando, con el mar siempre presente y las Illas Sisargas como telón de fondo.
Las Illas Sisargas
Frente a Malpica aparecen las Illas Sisargas, un pequeño archipiélago formado por Sisarga Grande, Sisarga Chica y Malante. Pertenecen al municipio de Malpica y constituyen uno de los elementos más característicos del paisaje de esta parte de la Costa da Morte. La mayor de ellas, Sisarga Grande, cuenta con un faro y un pequeño embarcadero. Las islas tienen además una importante riqueza natural y sirven de refugio a numerosas aves marinas. Desde diferentes puntos de la costa de Malpica podemos contemplarlas, pero uno de los lugares más interesantes para hacerlo es el entorno de Santo Hadrián.
Playa de Seaia
Continuando por la costa llegamos a la playa de Seaia, un arenal situado en un entorno más natural que la playa urbana de Malpica. Es precisamente por aquí por donde discurre el paseo que une Area Maior con Santo Hadrián. El camino va dejando atrás el núcleo urbano y ofrece una perspectiva diferente de la costa malpicana. Si te gusta caminar junto al mar, este tramo merece especialmente la pena porque combina playas, paisaje rural, acantilados y las vistas constantes hacia las Sisargas.
Ermita de Santo Hadrián
Uno de los lugares más especiales de Malpica se encuentra en el cabo de Santo Hadrián, donde se levanta la pequeña ermita dedicada al santo. El templo tiene origen en el siglo XVI y ha sido objeto de posteriores reformas. Su ubicación, prácticamente asomada al Atlántico, hace que el entorno sea mucho más interesante que la propia ermita: desde aquí tenemos unas magníficas vistas de Malpica, de la costa y de las Illas Sisargas.También existe una fuente vinculada tradicionalmente al santuario y a las leyendas relacionadas con Santo Hadrián.
Una buena forma de llegar hasta aquí es siguiendo el paseo que parte de Area Maior. Son aproximadamente 3,6 kilómetros solo de ida, por lo que puedes plantearlo como una caminata de unas horas disfrutando tranquilamente del paisaje.
La leyenda de Santo Hadrián
Como ocurre en muchos lugares de la Costa da Morte, el paisaje de Santo Hadrián está acompañado de una leyenda. La tradición cuenta que el santo liberó la zona de una plaga de serpientes. Esta historia forma parte de la tradición popular vinculada al santuario y también está relacionada con una serpiente representada sobre una piedra durante el recorrido hacia la ermita.
Es uno de esos relatos que forman parte del patrimonio inmaterial de Malpica y que ayudan a entender cómo las leyendas y la religiosidad popular han ido construyendo la identidad de estos lugares.
Mirador de Cabo San Adrián
Junto a la ermita encontramos el mirador de Cabo San Adrián, uno de los mejores puntos panorámicos de Malpica. Desde aquí podemos contemplar las Illas Sisargas, la playa de Seaia y buena parte del litoral, además de observar cómo el Atlántico golpea contra los acantilados. Es un lugar especialmente bonito en días despejados, cuando las islas parecen estar mucho más cerca de lo que realmente están.
Y si llevas prismáticos, este es también un buen punto para observar las aves que utilizan las Sisargas como refugio.
Malpica y su tradición marinera
Más allá de monumentos y miradores, una de las cosas que más merece la pena hacer en Malpica es simplemente pasear por sus calles cercanas al mar.
La disposición de las casas sobre las rocas, el puerto y las embarcaciones forman un conjunto muy característico. Es precisamente esa combinación entre pueblo y océano la que hace que Malpica tenga una personalidad tan marcada.
Aquí la Costa da Morte no se contempla solamente desde un mirador: forma parte del propio pueblo.
Muíños da Ribeira o de Ardeleiro
Uno de los rincones más curiosos de Malpica se encuentra junto al mar. Son los Muíños da Ribeira, también conocidos como Muíños de Ardeleiro, un conjunto de cinco antiguos molinos de agua situados en la parroquia de Cerqueda. Lo que hace especial este lugar es su ubicación. Los molinos se encuentran en una zona escarpada de la costa, muy cerca del océano, aprovechando el agua del Rego dos Muíños en su camino hacia el mar. Aunque hoy ya no funcionan, permiten imaginar cómo se aprovechaba antiguamente la fuerza del agua para moler el grano. Las pequeñas construcciones de piedra se integran perfectamente en el paisaje y forman un conjunto muy singular.
Un paisaje muy poco habitual
Más allá de los propios molinos, lo que sorprende es el entorno. El pequeño río desciende hacia la costa entre las rocas y, a pocos metros, aparece el Atlántico. Su situación junto al mar es poco habitual y especialmente singular, aunque no son los únicos molinos de Galicia situados en un entorno costero. También encontramos ejemplos en lugares como Estaca de Bares. Los Muíños da Ribeira son, por tanto, una de esas pequeñas joyas de la Costa da Morte que merece la pena buscar si quieres descubrir lugares menos conocidos y alejados de los circuitos más habituales. Además, forman parte de la Ruta dos Pinos no Mar, un recorrido que permite descubrir diferentes paisajes y elementos del patrimonio del litoral de Malpica.



Aquí no encontrarás un gran monumento, sino algo mucho más sencillo: cinco antiguos molinos de piedra, un pequeño curso de agua y el Atlántico como telón de fondo. Y precisamente esa combinación es lo que convierte a este rincón en uno de los lugares más especiales que ver en Malpica.
¿Qué más ver cerca de Malpica?
Si tienes más tiempo para explorar el municipio y sus alrededores, puedes ampliar la ruta con algunos lugares que merece la pena conocer.
Uno de ellos es Buño, localidad tradicionalmente vinculada a la alfarería y donde se encuentra el Ecomuseo Forno do Forte, un espacio dedicado a mostrar la tradición alfarera de la comarca. También puedes acercarte hasta el dolmen Pedra da Arca, en Cerqueda, uno de los monumentos megalíticos más destacados de la zona.
Y si quieres continuar descubriendo el litoral, las playas y espacios naturales del municipio ofrecen muchas más posibilidades, especialmente para quienes disfrutan de caminar y de los paisajes atlánticos.
Del Atlántico de Malpica al Refuxio de Verdes
Después de recorrer Malpica, sus playas, el puerto y el entorno de Santo Hadrián, podemos cambiar de paisaje y dirigirnos hacia el interior de Bergantiños. A pocos kilómetros nos espera el Refuxio de Verdes, en el concello de Coristanco, donde la costa deja paso al bosque y al río. El entorno se organiza alrededor del río Anllóns, que atraviesa un frondoso bosque de ribera formando pequeños saltos de agua, rápidos e islotes. Un sendero permite recorrer este espacio siguiendo el curso del río y cruzándolo a través de puentes y pasarelas. A lo largo del recorrido se conservan también antiguos molinos de agua, vinculados al aprovechamiento tradicional del río para moler el grano. Integrados entre la vegetación, forman parte del paisaje y nos recuerdan el uso que durante generaciones se hizo de este curso de agua.

El nombre de Refuxio de Verdes está relacionado con el antiguo uso del lugar como espacio de descanso para pescadores. Actualmente es un entorno acondicionado para caminar y disfrutar de la naturaleza junto al río. La visita resulta especialmente interesante dentro de una ruta por Bergantiños, ya que permite pasar en poco tiempo de los paisajes atlánticos de Malpica a un escenario completamente diferente, dominado por el agua y el bosque. Una buena opción es visitar primero Malpica y continuar después hacia Verdes para terminar la jornada con un paseo tranquilo junto al Anllóns.
Qué ver en Caión: un pequeño pueblo marinero de la Costa da Morte
Si hay algo que nos gusta de la Costa da Morte es que todavía encontramos pequeños pueblos donde el mar sigue formando parte del día a día. Después de recorrer algunos de los pueblos marineros de Bergantiños, nuestra ruta puede continuar hasta Caión, el único enclave costero del concello de A Laracha.

Esta pequeña villa marinera, situada en una península frente al Atlántico, se recorre fácilmente a pie y guarda rincones que merece la pena descubrir con calma: su puerto, sus playas, el paseo marítimo, edificios históricos y una historia muy ligada a la pesca y al mar. Además, Caión tiene un pasado que quizá sorprenda a muchos viajeros: durante siglos fue un importante puerto ballenero. Hoy aquella historia forma parte de la memoria de la localidad y se mezcla con la tradición marinera que todavía podemos conocer durante nuestro paseo.
Hoy podemos descubrir esta historia mientras recorremos su puerto, sus calles, el paseo marítimo y algunos de sus edificios más representativos.
Puerto de Caión
El puerto es uno de los mejores lugares para comenzar la visita. Está situado en pleno centro de la localidad y durante siglos estuvo relacionado con la actividad pesquera y comercial. Aunque la actividad marítima ha cambiado con el paso del tiempo, el puerto continúa siendo uno de los espacios que mejor conservan el carácter marinero de Caión.
Desde aquí podemos acercarnos a la lonja y continuar después hacia el paseo marítimo, siguiendo la línea de costa.
Paseo marítimo y playas
El paseo marítimo recorre buena parte del litoral de Caión y permite disfrutar del paisaje sin necesidad de coger el coche. Durante el recorrido encontramos diferentes arenales, entre ellos A Salseiras, una playa de unos 800 metros de longitud, arena fina y aguas resguardadas. También encontramos pequeñas playas como O Cárcere Vello, de apenas 60 metros, que aparecen integradas en el propio frente litoral de la localidad. El paseo es especialmente agradable al final de la tarde, cuando la orientación de la costa permite disfrutar de las puestas de sol sobre el Atlántico.

Iglesia de Santa María do Socorro
En el centro de Caión se encuentra la iglesia parroquial de Santa María do Socorro, uno de los edificios que forman parte del patrimonio histórico de la localidad. Su ubicación, junto a otros elementos patrimoniales como la antigua casa rectoral y el antiguo convento agustino, permite conocer una parte diferente de la historia de Caión más allá de su tradición marinera. La antigua casa rectoral, situada junto al muro occidental de la iglesia, formó parte en el pasado del convento de Santo Agostiño. Actualmente el edificio acoge la Oficina de Información Turística y otros servicios municipales.

Santuario dos Milagres de Caión
Otro de los lugares que merece nuestra atención es el Santuario de Nosa Señora dos Milagres, estrechamente vinculado a la historia religiosa y a las tradiciones de Caión. El santuario es especialmente conocido por la Romaría dos Milagres, que se celebra cada año alrededor del 8 de septiembre y que está reconocida como Fiesta de Interés Turístico de Galicia. Durante estas celebraciones, miles de personas acuden hasta el santuario. La tradición incluye también la Fonte Santa, a la que la creencia popular atribuye propiedades curativas.
Si nuestra visita no coincide con la romería, el santuario sigue siendo una parada interesante dentro del recorrido por la localidad.
Arquivo da Pesca
Para conocer la relación de Caión con el mar desde una perspectiva diferente podemos acercarnos al Arquivo da Pesca, situado junto a la Cofradía de Pescadores. Este espacio recoge la memoria vinculada a la actividad pesquera y permite acercarse a una forma de vida que durante generaciones marcó el día a día de la localidad. La historia de Caión está profundamente relacionada con los recursos del mar. A comienzos del siglo XX, por ejemplo, la villa contaba con fábricas dedicadas a la salazón, secado y prensado de pescado, mientras buena parte de la población trabajaba directa o indirectamente en actividades relacionadas con el mar.

El pasado ballenero de Caión
Una de las historias más singulares que descubrimos al recorrer Caión es su pasado como puerto ballenero. Entre mediados del siglo XVI y principios del XVIII, marineros vascos y habitantes de Caión participaron en la caza de la ballena vasca en estas aguas. La actividad generó un importante movimiento económico y dio trabajo a numerosos habitantes de la villa y de otros lugares próximos. De aquella época apenas quedan restos materiales en Caión, pero su recuerdo continúa presente en la identidad de la localidad y en el escudo del Concello da Laracha, donde aparece representado un cetáceo.
Es un capítulo poco conocido de la historia de la Costa da Morte y ayuda a entender hasta qué punto el mar ha condicionado la evolución de estas poblaciones.
Pazo dos Condes de Graxal
Durante el paseo por el centro también podemos fijarnos en el Pazo dos Condes de Graxal, una de las construcciones históricas que forman parte del patrimonio de Caión. El edificio aparece integrado en el núcleo urbano junto a otros elementos históricos de la localidad. Al tratarse de una propiedad privada, no es un espacio de visita turística interior, pero sí podemos contemplarlo desde el exterior durante nuestro recorrido por Caión.
Una ruta para descubrir Caión caminando
Una de las mejores maneras de organizar la visita es hacerlo a pie. El Concello propone diferentes recorridos bajo el nombre Mar de Caión, que permiten conocer la localidad por partes. La ruta por la villa conecta la praza de Eduardo Vila Fano con el Santuario dos Milagres y tiene unos 2,5 kilómetros. Existe también un recorrido por el puerto de aproximadamente 500 metros y otro por la zona de la playa que une Campo da Insua con A Salseiras a lo largo de unos 2 kilómetros.
Así podemos conocer Caión sin necesidad de mover el coche de un lugar a otro y combinar patrimonio, puerto, playas y paisaje en un mismo paseo.
Gastronomía de Costa da Morte: del mar a la mesa
Hablar de Costa da Morte y no hablar de gastronomía sería imposible.
Aquí el producto del mar es mucho más que un atractivo turístico. Forma parte de la economía, de la cultura y de la identidad de los pueblos.
Durante nuestro recorrido pudimos conocer diferentes partes de esa cadena: desde las mariscadoras de Camariñas, que trabajan directamente en los bancos marisqueros, hasta el distribuidor de marisco Víctor Sambade, de O Noso Mar, pasando por pescadores, percebeiros, lonja y restaurantes.
En Malpica, por ejemplo, la actividad de la lonja permite comprobar la variedad de pescado y marisco que llega diariamente al puerto. La información turística recoge especies como sardinas, jureles, rayas, abadexo, lenguados, besugos, pulpo, centolla, nécora o percebes.
Y en Corme, el percebe del Roncudo se convierte en uno de los grandes protagonistas gastronómicos del territorio.
Algunos lugares donde comer en esta ruta
Agocho do Bico, Camariñas, fue nuestra elección para la cena. Su cocina trabaja con producto local y de temporada y, según explica el propio restaurante, buena parte del pescado y marisco procede de embarcaciones de confianza y llega prácticamente de la lonja a la cocina.
En Laxe, el Restaurante Mar de Laxe apuesta también por producto de proximidad y tiene especial protagonismo el pescado y la carne a la parrilla, además de diferentes productos del mar. Más que buscar una gastronomía sofisticada, en Costa da Morte merece la pena buscar algo más sencillo: producto, proximidad y respeto por aquello que llega del mar.
En Corme, el Restaurante Miramar te permite saborear el mejor producto del mar y la tierra con unas preciosas vistas sobre la playa.
Dónde dormir en Costa da Morte
Para un viaje de tres días como este, nuestra recomendación es no intentar dormir cada noche en un lugar diferente. Es mucho más cómodo establecer dos bases y aprovechar los desplazamientos.
O Mar de Preciosa, Camariñas
Fue nuestro alojamiento durante la primera noche. O Mar de Preciosa es una antigua casa de pescadores restaurada en el centro de Camariñas que actualmente cuenta con seis habitaciones y una clara apuesta por el turismo tranquilo y la conexión con la cultura marinera. Las habitaciones son realmente preciosas y cuenta con una suite en la parte superior que te dejará sin palabras, con unas vistas maravillosas desde la terraza. En la planta baja sirven los desayunos, con una terraza con vistas al mar y cuenta con honesty bar para que te puedas tomar un café o una bebida en cualquier momento.



Hotel Playa de Laxe
La segunda noche nos alojamos en el Hotel Playa de Laxe, un hotel de tres estrellas situado prácticamente frente a la playa.
Su ubicación permite terminar la jornada junto al mar y comenzar al día siguiente con facilidad el recorrido hacia Corme. El establecimiento cuenta con 30 habitaciones y prácticamente todas tienen vistas hacia la playa o el pueblo. El desayuno es tipo bufet super completo.



Hotel Playa Camariñas
En primera linea de playa, cuenta con habitaciones con terraza y vistas al mar , jacuzzi privado para desconectar, desayunos top y un estupendo restaurante con producto local y unas vistazas encima de la misma playa. Además ofrecen actividades como kayak, bici, paddle .



O Refuxio do Naufrago
Ubicado en Camelle es un lugar ideal para alojarse si vas en familia y a muy buen precio. Cuenta con habitaciones individuales y compartidas. Incluyen desayuno completo elaborado en casa con producto de proximidad.
Las personas que hacen diferente a Costa da Morte
Después de este viaje, si tuviera que elegir una sola cosa que diferencia Costa da Morte de otros destinos, probablemente no elegiría un faro, una playa o un restaurante.
Elegiría a sus personas.
Las mariscadoras de Camariñas nos enseñaron que detrás del marisco existe un oficio duro y ligado a las mareas.
Víctor Sambade, de O Noso Mar, nos permitió conocer otra parte de la cadena que lleva ese producto desde el mar hasta nuestras mesas.
Yaqui, desde Camariñas, nos acercó a la pesca artesanal y a las artes menores y nos transmitió su pasión por el marisqueo y las mariscadoras.
Virginia Barros y Mar de Fábula nos recordaron que disfrutar del mar también implica protegerlo.
Digna Romar y O Refuxio do Náufrago nos mostraron otra manera de conservar y contar la memoria marinera de Camelle.
Las palilleiras de Camariñas representan la capacidad de mantener vivo un oficio artesanal que forma parte de la identidad local.
Suso Lista, percebeiro de Corme, nos acercó a uno de los oficios más ligados al carácter indómito del Atlántico.
Y las Redeiras Illa da Estrela nos demostraron que tradición e innovación pueden ir de la mano. redeirasdegalicia.org
Son historias diferentes, pero todas tienen algo en común: el mar como forma de vida.
Una Costa da Morte que merece ser vivida despacio
Costa da Morte tiene suficientes lugares para llenar muchos más de tres días. Esta ruta no pretende abarcarlo todo, sino ofrecer una primera aproximación a algunos de sus paisajes y, sobre todo, a su identidad.
En tres días podemos pasar de la espiritualidad de Muxía a los acantilados de Camariñas, contemplar el Faro Vilán, acercarnos a la historia del Cementerio de los Ingleses, conocer Camelle, descubrir el trabajo de Mar de Fábula, pasear por Laxe, llegar hasta el Roncudo, conocer a las redeiras de Corme, vivir el ambiente de una lonja en Malpica y terminar en Caión.
Pero lo verdaderamente importante es que, durante el camino, cada paisaje empieza a tener nombre y cada producto tiene un rostro detrás. Y eso cambia la forma de viajar.
Porque después de conocer a quienes viven del mar, trabajan el mar, limpian el mar y mantienen vivas sus tradiciones, Costa da Morte deja de ser simplemente un lugar bonito al que viajar.
Se convierte en un lugar que quieres cuidar, comprender y volver a visitar.
- Ruta de 3 días resumida
- Día 1 · Muxía → Camariñas
- Muxía y Santuario da Virxe da Barca → Camariñas → experiencia de marisqueo en O Ariño → gastronomía y producto local → puerto y pesca artesanal → encaje de Camariñas → cena en Agocho do Bico.
- Día 2 · Camariñas → Camelle → Laxe
- Faro Vilán → Cementerio de los Ingleses → Trece y Monte Branco → Camelle → Museo de Man → Mar de Fábula → O Refuxio do Náufrago → Laxe → playa y gastronomía.
- Día 3 · Laxe → Corme → Malpica → Caión
- Laxe → Corme → Punta do Roncudo → encuentro con Suso Lista → taller con las Redeiras Illa da Estrela → Malpica → puerto y lonja → Caión → Arquivo da Pesca.
Un viaje para descubrir el verdadero sabor de Costa da Morte
Este recorrido por Costa da Morte formó parte de SaboR a maR con R, una iniciativa promovida por la Asociación de Profesionais de Turismo da Costa da Morte (APTCM) con el apoyo del GALP Costa da Morte, que busca poner en valor los productos del mar, la comunidad marinera y el patrimonio natural y cultural de este territorio.
El proyecto apuesta por acercarnos a Costa da Morte desde una perspectiva diferente, vinculando gastronomía, turismo, cultura marinera, sostenibilidad y economía local, al tiempo que busca contribuir a la desestacionalización turística del destino. El propio nombre de la iniciativa hace referencia a las tres «R» de la economía circular y a los meses comprendidos entre septiembre y abril, un periodo especialmente vinculado al consumo de productos del mar.
Durante tres días tuvimos la oportunidad de descubrir una Costa da Morte que va mucho más allá de sus paisajes. Nos acercamos al trabajo de mariscadoras, pescadores, percebeiros, redeiras y artesanas, conocimos el funcionamiento de una lonja y el recorrido que sigue el producto del mar hasta llegar a nuestras mesas, y descubrimos también proyectos comprometidos con la conservación del entorno y la memoria marinera.
Porque si algo nos ha enseñado este viaje es que el verdadero valor de Costa da Morte no está únicamente en lo que vemos, sino también en las personas que hacen posible que este territorio siga manteniendo viva su relación con el Atlántico.
Este artículo nace de nuestra participación en una experiencia organizada en el marco de SaboR a maR con R, iniciativa promovida por la Asociación de Profesionais de Turismo da Costa da Morte (APTCM), con el apoyo del GALP Costa da Morte y financiada en el marco del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).
Mapa de la ruta por Costa da Morte
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